La medida, que entrará en vigor el 5 de abril, golpeará especialmente a productos como el acero y aluminio. Argentina enfrentará gravámenes del 10%, aunque el impacto en Santa Fe sería limitado

El gobierno de Donald Trump anunció este miércoles la imposición de un arancel general del 10% sobre todas las importaciones a Estados Unidos, medida que entrará en vigor el próximo 5 de abril. La decisión, presentada por el mandatario republicano como una “declaración de independencia económica”, incluye además gravámenes adicionales para países con barreras a productos estadounidenses, apuntando especialmente a la Unión Europea y China.
Durante un discurso en la Casa Blanca, Trump justificó la medida como parte de su plan para revitalizar la industria nacional, argumentando que compensará décadas de desventajas competitivas para los trabajadores estadounidenses. “Hoy comienza el renacimiento de nuestra capacidad industrial”, afirmó el presidente, quien conectó directamente esta política con su eslogan de campaña “Make America Great Again”.
Para Argentina, el impacto se concentrará en sectores sensibles como el aluminio y el acero, que ya enfrentaban restricciones comerciales. Las exportaciones argentinas a EE.UU., que representan cerca del 7% del total, deberán absorber este nuevo costo que podría reducir su competitividad en el mercado norteamericano. Estimaciones preliminares del sector privado calculan que la medida implicará un costo adicional de entre 800 y 1.000 millones de dólares anuales para los exportadores locales.
En Santa Fe, las consecuencias aparecen como más acotadas debido al perfil de sus ventas externas. La provincia destina apenas el 1,7% de sus exportaciones al mercado estadounidense, principalmente productos agroindustriales que no son el foco principal de los nuevos aranceles. Sin embargo, especialistas advierten sobre posibles efectos indirectos si la medida genera distorsiones en los precios globales de commodities o respuestas retaliatorias de otros socios comerciales.
La reacción internacional no se hizo esperar, con la Unión Europea y China expresando su descontento y evaluando posibles respuestas coordinadas. El anuncio marca un nuevo capítulo en la política comercial agresiva que caracterizó el primer mandato de Trump.