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Preocupa que el dengue mute de enfermedad epidémica a endémica en la Argentina

El vector transmisor del virus se expande en el país, y además estudios del Conicet detectaron que se torna resistente al químico utilizado en las fumigaciones como estrategia de mitigación, aunque el énfasis sigue siendo la prevención por descacharrado

El dengue es una enfermedad endémica, es decir que circula durante todo el año, en alrededor de un centenar de países tropicales y subtropicales de América Central, el Pacífico Sur, el Sudeste Asiático, África Central y Occidental. No lo era en la Argentina, donde históricamente se produjeron brotes derivados de contagios en el exterior. Pero como una de las consecuencias del cambio climático, eso puede estar cambiando y es una preocupación.

El infectólogo Matías Lahitte, director del área de Epidemiología de la Municipalidad de Rosario, hizo foco en esa transformación durante el diálogo con el programa La Marca de la Almohada a raíz de los casos detectados últimamente en la provincia de Santa Fe y en la ciudad.

El dengue es una enfermedad viral –cuatro serotipos– transmitida en la región por la picadura del mosquito Aedes aegypti. La infección se produce cuando el insecto se alimenta con sangre de una persona enferma y luego pica a otra. El contagio es por la picadura, nunca de un humano a otro ni a través de objetos o de la leche materna.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que el número de casos de dengue en las Américas se ha incrementado en las últimas cuatro décadas: pasó de 1.5 millones de casos acumulados en la década de 1980 a 16.2 millones en la de 2010-2019.

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La semana pasada se sumaron dos casos, en la provincia hay un total de cinco. En Rosario, se detectaron dos casos relacionados con viajes al sur de Chaco, a localidades como Roque Sáenz Peña, Quitilipe o Corzuela“, repasó las novedades Lahitte. Uno de esos pacientes requirió internación, pero ya fue dado de alta con buena evolución clínica.

La anterior descripción de la coyuntura fue la antesala de una preocupación de fondo expresada por el infectólogo. “Argentina tenía brotes epidémicos de dengue. Cada dos o tres años aparecían casos, en primera instancia relacionados con viajes al exterior“, recordó un escenario que está en proceso de cambio. “Después del brote más grande (el de principios de 2023, superior a los más graves anteriores de 2016 y 2020), nunca dejó de haber casos autóctonos en provincias como Salta, Jujuy y Chaco“.

Esto es: de concetrarse los casos en la primera parte del año, la estival, ahora hay registros a lo largo de todos los meses. “Hay un comportamiento diferente, se pasó de lo epidémico, cada dos o tres años, a lo endémico“, destacó Lahitte. Y por cercanía, migraciones y viajes, agregó, Santa Fe se ve afectada.

El vector del dengue, también de zika y chikungunya, es el mosquito Aedes Aegypti, que habita en la Argentina pero cuya poblaciòn se està extendiendo geográficamente al compás del calentamiento climático. “Las características climatoloógicas no solo favorecen su reproducción, sino también su expansión”, y eso induce el “el cambio de situación” de enfermedad epidémica a endémica en el territorio argentino.

“Es para estar atentos”, admitió el funcionario. Señaló que en Rosario, desde hace unos meses, comenzaron a colocarse ovitrampas para “hacer una lectura de los huevos del Aedes y estimar el potencial impacto” de las transmisiones.

Se trata de “un comportamiento diferente”, insistió. “Nunca hubo casos en esta época del año. A lo sumo alguno importado de un país endémico, de Centroamérica o del sudeste asiático, por ejemplo“.

Y no se trata únicamente del dengue, enfatizó Lahitte. “Además, hubo un brote autóctono de chikungunya, transmitida por el mismo tipo de arbovirus (transmitidos por artrópodos hematófagos) de la que nunca se habían tenido casos autóctonos“.

Ahí está cifrada la alerta, “consecuencia seguramente del cambio climático que favorece el crecimiento y desarrollo del mosquito vector”. Eso, incluso cuando el Aedes cumple todo su ciclo biológico en los domicilios o en sus alrededores, porque pone los huevos en agua limpia.

Por esas características, resaltó el infectólogo, es necesario recalcar la importancia del descacharrado como acción preventiva. Más en estos momentos, en que se acerca el fenómeno climatológico de El Niño que augura mayores precipitaciones.

 

Mosquitos resistentes

“El método más eficaz es la prevención”, repitió el especialista. “Las fumigaciones son para otras etapas, de mitigación, porque se hace en espacios abiertos y con ello sólo se mata un porcentaje del mosquito en vuelo, con tasas de éxito bajas“.

En ese punto, siguió, hay otro problema. Se utilizan químicos del tipo piretroides (derivadas de las naturales piretrinas). Pero un estudio del Conicet publicado este año en la revista Parasites & Vectors detectó que en el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amaba) y dos localidades de Salta y Jujuy hay mosquitos Aedes con mutaciones genéticas que los hacen capaces de evadir los efectos de los venenos. Antes, se había comprobado lo mismo en Brasil.

Lahitte adelantó que hay contactos para que en Santa Fe también se haga un estudio similar. De todos modos, recalcó, las fumigaciones deben utilizarse “con mucha cautela” para no fomentar la resistencia, y porque son mucho menos eficaces que la prevención a partir de reducir la población de mosquitos mediante el descacharrado.

 

Vacuna, por ahora no

Lahitte aclaró que si bien la Anmat aprobó una vacuna contra el dengue producida por el laboratorio japonés Takeda (denominada TAK-003 e indicada para mayores de cuatro años), en principio efectiva para contener la transmisión de la enfermedad y disminuir la mortalidad, aún está pendiente una resolución del Ministerio de Salud de Nación respecto del momento de aplicación y la población objetivo.

Por el momento, aclaró el infectólogo, no hay ninguna indicación sobre una eventual campaña de inoculaciones.