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Las paradojas que instala Milei desde el punto de vista de los derechos humanos

El director del Museo de la Memoria de Rosario interpela sobre el escenario que permite la emergencia de referentes de extrema derecha en la Argentina, llama a desechar respuestas ingenuas y evitar descargar culpas fáciles. “Hay que hacerse cargo”, reflexiona

 

Politólogo especializado en políticas públicas, administración pública y desarrollo de proyectos y director por concurso del Museo de la Memoria de Rosario, Lucas Massuco insistió en desactivar interpretaciones livianas del auge de discursos libertarios que incluyen el negacionismo en un esquema discursivo que se expone como anclado en preceptos económicos.

¿Javier Milei es sólo una construcción mediática, y no hay que alimentarla respondiendo a sus provocaciones y las de su entorno?  “Tengo una paradoja o un dilema interno. Por lo general, estoy de acuerdo en esto de que no debemos darle cabida porque lo estamos legitimando. Pero después, el lunes posterior a la elección, decimos cómo estaba pasando esto y no nos dimos cuenta. A lo mejor, porque estuvimos tanto tiempo sin hablar del tema que pasaba por debajo de la mesa y no vimos”, reflexiona Massuco en el estudio de Radio Universidad, y con el programa Apuntes y Resumen.

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Milei corre la agenda a la derecha, instala los temas del debate público de cara a las elecciones. “Estamos todo el tiempo corriendo atrás de él y de los clicks, que retroalimentan ciertas estrategias”, describe el director del Museo. Indaga las razones: “Si hay margen para que esta agenda tenga lugar, entre comillas, es porque la gente está vivienda mal. Si estuviese viviendo bien, como en 2015, el más liberal conservador estaría obligado a decir «mantengamos lo bueno y cambiemos lo malo». Así ganó (Mauricio) Macri, sin proponer ninguna burrada, ninguna locura. Después las hizo. Se endeudó por el equivalente de un PBI”. Los antecedentes sirven, dan un marco para entender. Massuco sigue con el ejemplo del empresario-presidente. “Ni bien tuvo el resultado de las Paso y vio un termómetro del humor social dijo ‘gente, Aerolíneas no la vamos a privatizar, Anses está andando bien’. Su propio público ese día en el búnker lo abucheó. Pero sabiendo cuál era la calidad de vida, tuvo que adaptar su discurso. Si esta agenda tiene lugar, es por eso”.

Hay un escenario, señala Massuco, que cambió drásticamente en poco más de una década, el barro con el que se amasan las nuevas figuras de la política. El politólogo contrasta con 2015, con el famoso 54% de votos de la entonces presidenta Cristina Fernández, a los que añade los cosechados por el santafesino socialista Hermes Binner y el radical Ricardo Alfonsín (17% y 11% respectivamente). “Era el 80 por ciento del electorado. Y en 12 años terminamos como la cuna del neofascimo latinoamericano. Algo pasó en el medio, que es la destrucción de todos los pilares socioeconómicos de aquel entonces”, esboza interpretaciones. Añade otros factores, impensados: “Sumaría la desmovilización que generó la pandemia, donde se removiliza la extrema derecha y nos desmovilizamos los progresistas en general, con todos los matices internos, que reivindicamos un horizonte democrático, inclusivo, de mayorías”. Así, repasa el viraje, “del 80 por ciento que votó tres expresiones distintas de la centroizquierda se pasa a este escenario donde los tres tercios votaron expresiones del centro para la derecha”.

Massuco vuelve sobre el abono del emergente libertario y la facilidad con la que pudo instalarse e, incluso, vencer en las PASO. “Es el único que está dando un mensaje disruptivo distinto, que es nefasto, destructivo, que va a disolver los lazos sociales aún más. Gana con eso”. Otra vez, se apoya en la historia para señalar antecedentes y tropiezos reiterados con las mismas piedras: “Es el síndrome 1933, en Alemania, la postguerra, con un mesiánico que vino a traer la solución mágica (por Adolf Hitler)”. Y llama a asumir responsabilidades: “Somos grandecitos, los que se comen esta curva y los que no supimos anticiparlo, hay que hacernos cargo de esto”. No obtante, rechaza lecturas simplificadoras y búsqueda rápida de culpables: “Ni el progresismo con sus cuestiones identitarias es el culpable de que crezca esta derecha basada en la economía ni los jóvenes son unos colgados que no entienden nada y no escuchan a nosotros, los sabios. Todas las edades y los sectores sociales votaron a Milei”, expone la transversalidad del fenómeno.

Más allá de poner en duda que, llegado el caso de vencer en las elecciones, en primera o segunda vuelta, el economista ultraortodoxo pueda poner en práctica sus propuestas más delirantes, muchas de las cuales comenzó a relativizar el día después de las primarias, Massuco menciona otro peligro, también en un paisaje que lepermite desplegarse. Es el que representa la candidata a vice de La Libertad Avanza, Victoria Villarruel, quien participó de un acto en la Legislatura porteña para “homenajear a las víctimas del terrorismo”, en referencia a las organizaciones armadas de la década del ’70.

¿Cómo se llegó a esa instancia? “El problema es el espacio estatal que le habilita el debate. El negacionismo de la dictadura existe desde la dictadura misma, que siempre negó sus crímenes Y en democracia esa postura permaneció”, señala el politólogo. Es, enfatiza, una negación para reivindicar el terrorismo de Estado. Después del 83, volvió sobre el tema, los represores, incluso con cargos de la democracia, mantuvieron el discurso. Nombra algunos: Luis Patti, Domingo Buzzi, Aldo Rico.

“Siempre el pueblo los combatió, los pudo doblegar. El problema es (ahora) la Legislatura porteña que les da lugar. En este caso Villarruel”. Massuco enfatiza: “No hay nuestros muertos y sus muertos. Hay desaparecidos por el Estado. Hay cuerpos que no han aparecido ni van a aparecer. Y los que saben dónde están, están siendo juzgados y sostienen un pacto de impunidad desde hace cincuenta años. La respuesta no es prohibir el debate. Estas personas y estos discursos existieron antes y van a seguir existiendo. La estrategia es devolverles preguntas y no dejarles el monopolio de la pregunta tramposa que se transforma en consigna”, propone ante la parálisis política que deja avanzar y afianzarse las prédicas del terrorismo de Estado.