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Moluscos invasores de los ríos tienen un lado positivo

Bivalbos que llegan en el agua de lastre de los barcos hasta los ríos, por ejemplo de Sudamérica, y terminan por invadir los hábitats amenazando las especies nativas y generando perjuicios millonarios con sus incrustaciones en cañerías y tomas de agua, también son grandes depuradores de materia orgánica y químicos. Investigan esas potencialidades

Bivalbos exóticos: invasores pequeños, que llegan en los barcos hasta los ríos, por ejemplo de sudamérica, y terminan por colonizar los hábitats conspirando contra las especies nativas y causando grandes daños con sus incrustaciones. Sus colonias generan depósitos calcáreos que obstruyen cañerías y tomas de agua, principalmente en usinas hidroeléctricas. Quizás el más conocido en la Argentina es el llamado mejillón dorado, introducido probablemente en el agua de lastre de buques en la década de 1990 y hoy presente en toda la cuenca del Paraná y del Río de la Plata (UBA). En resumen, su historia es de villanos. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Buenos Aires estudia sus potencialidades benéficas, sin dejar de reconocer que el balance de su presencia es negativo. Por ejemplo, para purificar el agua, tanto en relación a los nutrientes orgánicos como a los químicos, por ejemplo el fósforo.

“Las especies exóticas, en general, tienen mala fama, aunque los motivos son heterogéneos. Algunos totalmente justificados, como es el caso de las ratas y ratones, gatos asilvestrados y muchos otros. Pero, la mayoría tienen impactos nulos o variables”, subraya el doctor en biología Demetrio Boltovskoy, de la Facultad de Exactas de la UBA. El especialista aclara el punto: “La tendencia dominante es asociar «introducido» con «perjudicial», y frecuentemente se agrupan en la misma categoría especies con impactos muy disímiles, por el sólo hecho de no ser nativas. Esta tendencia se debe, parcialmente, a que las más perjudiciales han sido objeto de muchos más estudios que las demás porque, lógicamente, el interés que generan es mayor”.

El equipo científico que dirige Boltovskoy se enfoca en tres variedades de moluscos que colonizaron distintos puntos del mundo: Dreissena polymorpha, D. rostriformis bugensis y Limnoperna fortunei. Este último, conocido como mejillón dorado, es originario de China y arribó de polizón en algún barco al río de la Plata en los 90 y, poco a poco, se extendió por la cuenca del Paraná y el Uruguay. Su tamaño es de unos tres centímetros, pero puede armar una coraza cuando se agrupa con pares. Llega a formar incrustaciones de más de 250.000 bivalvos por metro cuadrado.

 

El vaso medio lleno

 

“Teniendo en cuenta la gran cantidad de literatura que describe los impactos negativos de estos mejillones invasores, en este artículo nos enfocamos en sus efectos positivos y revisamos sus servicios ecosistémicos y económicos”, señalan en el trabajo publicado en Hidrobiology.

Los autores de este estudio, entre ellos Boltovskoy, no dejan de destacar un punto clave: poner foco en los posibles usos benéficos de estos extranjeros invasores no significa avalar su introducción, a veces por desconocimiento y otras a drede. “Esta evaluación no debe interpretarse como un rechazo del hecho de que los mejillones invasores tienen impactos negativos, sino como un intento de proporcionar información adicional para científicos, administradores y legisladores”, aclaran los autores del trabajo.

 

Claroscuros

 

El lado conocido de estos animales es que causan daños por cientos de millones de dólares al año en todo el mundo. “El impacto negativo incuestionable y más importante es el que tienen sobre las instalaciones industriales (principalmente plantas hidroeléctricas, térmicas y nucleares) que para su funcionamiento utilizan agua de ríos, lagos y embalses invadidos. Estas especies se asientan sobre filtros y cañerías (principalmente de intercambio de calor) taponándolas, lo que involucra procedimientos de limpieza complicados y costosos”, marca Boltovskoy, del Instituto de Ecología, Genética y Evolución (UBA – Conicet).

En América del Norte, varios estudios concluyen que Dreissena “puede tener impactos negativos sobre los bivalvos nativos porque -dice Boltovskoy- usan sus valvas como sustrato de asentamiento, así como sobre algunos otros organismos”.

 

Grandes filtradores

Por otro lado, el experto no deja de resaltar rasgos positivos de Dreissena spp. -nativo de la cuenca del Mar Caspio, introducido en gran parte de Europa y América del Norte-, y Limnoperna fortunei, originario del sudeste de Asia, que ingresó en varios países asiáticos y en Sudamérica. “Se vio que, tanto en Sudamérica como en el hemisferio norte, estas dos especies son una fuente muy importante de alimento para peces y aves locales, y su presencia mejora notablemente la calidad del agua, a tal punto que se ha sugerido su uso para mitigar la turbidez, el exceso de nutrientes para el fitoplancton, y facilitar la potabilización”.

Los mejillones son grandes filtradores porque lo hacen cada vez que respiran y se alimentan. En Embalse de Río Tercero, en la Argentina, L. fortunei podría potencialmente filtrar todo el volumen del cuerpo de agua (0,48 km cúbicos) en uno o dos días, según estimaron expertos, entre ellos, Boltovskoy.

Otro campo en el que ofrecen posibilidades es en el tratamiento de aguas residuales. “La capacidad de los dreisénidos para filtrar y limpiar el agua de la contaminación orgánica y las sustancias tóxicas, incluidos los metales pesados, atrae cada vez más atención”, señala el estudio. Es que los caparazones de estos animales al contener un 80% de carbonato de calcio pueden usarse como un agente aglutinante de fósforo para su eliminación de los efluentes cloacales. “Los ensayos experimentales con conchas de mejillón cebra eliminaron más del 99% del fósforo, lo que sugiere que pueden ser una alternativa eficiente para su precipitación en las aguas residuales”, agrega.

Alertar sobre la presencia de tóxicos es un papel en el que también se destacan. “Los mejillones -marca el trabajo- se utilizan ampliamente como organismos centinela para la evaluación y el biomonitoreo de contaminantes y patógenos”. En agua dulce, los dreisénidos y L. fortunei reúnen todas las características requeridas para un buen modelo. ¿Cuáles? Su notable capacidad de filtrado que asegura una interacción activa con el medio; su disponibilidad durante todo el año; su tamaño, que los hace fáciles de recolectar y manipular; son relativamente longevos, y sobreviven bien en condiciones de laboratorio.

Estos son algunos de los elementos positivos que el informe busca poner en la balanza. “Dada la distribución generalizada de mejillones invasores y el enfoque a largo plazo de los científicos y administradores sobre los aspectos negativos de su dispersión, es importante evaluar cuantitativamente sus efectos ecológicos positivos y beneficios económicos”, concluye el estudio.

 

Extinción de nativas

 

Más allá del caso de estos mejillones de agua dulce, uno de los cargos habituales contra las especies invasoras en general es que acaban con las nativas. Boltovskoy desactiva generalizaciones extremas: “Los impactos ecológicos generales son muy difíciles de estimar. Al igual que las nativas, casi todas las especies introducidas tienen efectos negativos sobre algunas otras especies o procesos, neutros sobre muchos, y negativos sobre otros”.

El investigador completa la idea: “La extinción de especies nativas frecuentemente se menciona como uno de los efectos más importantes. Sin embargo, según estimaciones recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, a nivel global, de los 12 factores más importantes responsables de las amenazas a la biodiversidad (actividades productivas, urbanización, contaminación, cambio climático, etcétera), las invasiones biológicas ocupan el quinto lugar, e involucran a menos del 8% de los casos analizados. Las estimaciones de las cantidades de especies amenazadas o extintas debido a las introducciones biológicas son enormemente variables”.

*Nota sobre la base de una publicación de Nex Ciencia.