• Tiempo de lectura:3 mins read

“Ya no soy hija de un desaparecido”: El cierre de una búsqueda de cinco décadas

Tras años de incertidumbre y una lucha incansable, Elena Bustillo relata la conmoción de hallar a su padre y la importancia de transformar el dolor personal en un acto de justicia para todo el pueblo argentino en diálogo con “Apuntes y Resumen”.

Elena Bustillo recibió recientemente la noticia que esperó durante décadas: la identificación de su padre, Ramiro Sergio Bustillo, quien fue uno de los 12 desaparecidos cuyos restos fueron reconocidos en el Centro Clandestino de Detención La Perla, en la provincia de Córdoba.

La notificación oficial llegó a través de un correo electrónico del juzgado cordobés, un momento que Elena describe como “una conmoción profunda, cargada de una felicidad que implica el fin de una espera marcada por la ansiedad”, como relató en “Apuntes y Resumen” de Radio UNR.

Este hallazgo es fruto del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense en un predio de 14.000 hectáreas, donde se realizaron maniobras con palas mecánicas para ocultar los cuerpos, dejando solo fragmentos que hoy permiten reconstruir la verdad.

Para Elena, este hito representa “un cambio trascendental en su identidad, permitiéndole abandonar la categoría de hija de un desaparecido”, un término que considera “inventado por los represores para ocultar lo innombrable”.

IDENTIDAD. La identificación permite romper con los “fantasmas” y las fantasías de un posible regreso que la acompañaron desde la infancia, otorgándole la certeza necesaria para transitar el proceso de una manera más sana. Aunque no lo define estrictamente como el inicio de un duelo, sí lo siente como “una forma de sacar a su padre de un lugar violento para recibirlo en un ámbito de amor y justicia”.

“La dimensión de este hallazgo trasciende lo familiar para inscribirse en la memoria colectiva del país”.

Elena destaca que esta búsqueda ha sido sostenida por una red de afectos, organismos de derechos humanos, querellantes y sobrevivientes que transformaron el dolor en lucha.

UNA HISTORIA COLECTIVA. Su hija capturó este sentimiento en un emotivo mensaje tras asistir a la ronda de la plaza, afirmando que aunque Sergio era su abuelo, su historia pertenece a todos aquellos que mantienen viva la esperanza de que la lucha es colectiva y que el amor es lo que permite reparar las heridas de la historia.

LA MEMORIA EN LAS NUEVAS GENERACIONES. A 50 años del genocidio, Bustillo, quien también es docente, enfatiza la importancia de que las nuevas generaciones mantengan un pensamiento crítico y se interroguen constantemente sobre la historia argentina. Recordar a su padre es también “reivindicar a una generación de trabajadores militantes que soñaban con un país soberano y con derechos para todos”.

“La identificación de estos cuerpos no solo aporta paz a las familias, sino que refuerza el compromiso social con la premisa de Memoria, Verdad y Justicia, asegurando que los hechos del pasado no se vuelvan a repetir”, finalizó.