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Castigo histórico

El Partido Demócrata recuperó el control de ambas cámaras del Congreso estadounidense en una contundente derrota para Donald Trump. El resultado representa un fuerte cuestionamiento a su gestión y abre interrogantes sobre las consecuencias para Javier Milei y el vínculo político y financiero entre Washington y Buenos Aires. Por Coco López en “El Día Está Después”.

Dos años después de perder la Casa Blanca y el Capitolio frente al avance de Donald Trump, el Partido Demócrata protagonizó una recuperación contundente en las elecciones legislativas de mitad de mandato, al recuperar con holgura el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Fue una auténtica carnicería electoral para los republicanos, un severo castigo al presidente estadounidense y una jornada histórica.

La pérdida simultánea de ambas cámaras por parte del partido gobernante es un acontecimiento que solamente se había registrado en seis oportunidades anteriores. La gran incógnita es si estamos frente a un verdadero resurgimiento demócrata o, fundamentalmente, ante una ola de rechazo a la presidencia de Trump. Lo cierto es que el hastío de los votantes frente a una administración caótica, cargada de promesas incumplidas, terminó convirtiéndose en votos para la oposición.

Entre las conquistas demócratas se destacó la de Abdulrahman Mohamed El-Sayed, en Michigan, un candidato progresista que se convirtió en el primer musulmán en llegar a la Cámara Alta en la historia del Capitolio. Cuando la derrota republicana ya era inocultable, Trump volvió a recurrir a su habitual estrategia de negar la realidad y refugiarse en las mayúsculas.

Desde su red social Truth publicó: “Yo no aparecía en las papeletas y si hubiera aparecido habríamos ganado con una victoria aplastante”. Poco después, en una entrevista con The New York Times, anunció que estaba dispuesto a aceptar el resultado electoral, una declaración que, tratándose de Trump, adquirió una dimensión política particular. Luego intentó relativizar el impacto de la derrota en conversaciones con Fox News. Como suele suceder, la responsabilidad siempre parece estar en otro lado.

Las elecciones de mitad de mandato constituyen tradicionalmente una oportunidad para que los ciudadanos expresen su descontento con el presidente y su administración. Esta vez, el castigo estuvo alimentado por el malestar económico, el elevado precio de la gasolina, la guerra en Irán, la política migratoria, las denuncias de corrupción gubernamental y las actitudes ególatras del propio Trump.

El resultado fue un mapa electoral teñido de azul, incluso en territorios donde el republicano había conseguido victorias cómodas en las presidenciales de 2024. La magnitud del retroceso obliga a preguntarse cuánto margen de maniobra conservará el mandatario frente a un Congreso que ahora estará bajo control de sus adversarios. El interrogante ya no pasa solamente por la capacidad de Trump para imponer su agenda, sino también por la posibilidad de que los demócratas consigan ejercer un control efectivo sobre las decisiones del Ejecutivo.

Para la Argentina, el resultado electoral estadounidense representa una señal de alerta para Javier Milei.

La recuperación demócrata podría traducirse en un mayor control legislativo sobre las decisiones de Trump, particularmente en aquellas vinculadas con el respaldo financiero y los préstamos a países considerados aliados estratégicos. No hay que olvidar el apoyo que recibió la administración argentina durante las elecciones de octubre del año anterior. Si ese acompañamiento queda condicionado por el nuevo equilibrio de poder en Washington, las consecuencias para el Gobierno argentino podrían ser significativas. Milei pierde, además, uno de sus principales respaldos internacionales en un momento en que su administración necesita sostener la confianza política y económica.

Desde el martes por la noche, el escenario internacional ya no parece ofrecerle las mismas certezas. Trump, que hasta ahora se mostraba como un aliado decisivo, deberá convivir con una oposición fortalecida y con mayores controles institucionales. La pregunta es hasta dónde podrá el Partido Demócrata contener sus arrebatos y limitar sus decisiones. El presidente estadounidense enfrenta ahora el desafío de gobernar con un Congreso adverso: se ha convertido en el temido pato rengo.