Las principales protestas y reclamos de los estudiantes en Francia se concentran en la falta de recursos para la educación pública y el deterioro de las condiciones de estudio. Por Coco López en “El Día Está Después”.

Ese martes pasado en distintas ciudades francesas, estudiantes de secundaria, universitarios y personal educativo de los colegios se manifestaron masivamente en un nuevo día nacional de huelga educativa y manifestaciones. El gobierno apenas dio alguna respuesta intentando descomprimir la situación.
El desafío es ampliar la lucha para incorporar a los trabajadores el próximo 17 de octubre, cuando se espera confluir en una jornada de lucha de todos los sectores. La rebelión comenzada por los colegios secundarios de la periferia de París alcanzó extensión nacional e incorporó a los estudiantes universitarios y profesores. París, Toulouse, Bordeaux, Marsella son algunas de las ciudades donde las enormes columnas llenaron las calles con cantos contra el gobierno.
La movilización fue masiva, contabilizando alrededor de medio millón de personas en todo el país, mostrando que el movimiento sigue más vigente que nunca. La juventud mostró una enorme determinación en París y la misma situación se repitió en otras ciudades francesas. La determinación de esta jornada la empuja a la manifestación convocada para el próximo sábado, donde se espera una confluencia masiva.
A la convocatoria de un sábado de cólera, llamada por los estudiantes secundarios y universitarios, ahora se sumaron la CGT y los chalecos amarillos. Ante la determinación estudiantil, también tuvieron que convocar a participar de una jornada que se prevé clave para los acontecimientos futuros. Los estudiantes reclaman por aulas sobrepobladas, edificios en mal estado, con filtraciones, construcciones de asbestos, falta de profesores, de enfermeras, preceptores, asistentes sociales y acompañantes de estudiantes con discapacidad.
El plan de emergencia del ministro de Educación, Jeffrey, consiste en enviar 3.000 profesores sin asignación a institutos en dificultades y unos pocos de cientos de profesores contratados. Sin duda los acontecimientos en Francia son un espejo donde puede mirarse la sociedad argentina.