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Recuperar el don de la palabra

Marcela Ternavasio abrió la Feria del Libro de Rosario. La historiadora e investigadora brindó las palabras inaugurales del evento que se llevará a cabo hasta el domingo 18 de octubre. Lo que sigue es la reproducción de su discurso.

En su alocución, Ternavasio abordó el vínculo entre la historia y los libros, las transformaciones que configuraron la industria editorial contemporánea, así como los cambios culturales que conllevan: “La historia de la lectura nos muestra el lento pasaje de los reducidos círculos que podían acceder a ella hasta el surgimiento de una opinión pública nutrida de libros, prensa periódica e impresos de diversa factura; de la lectura colectiva, en alta voz, en los espacios de sociabilidad, a la lectura íntima e individual que establece una autonomía del lector”. Al mismo tiempo, dio cuenta de la relación entre la historia del libro y la historia del trabajo, del oficio y de las personas “que pusieron sus manos para hacerlos”.

Marcela se explayó sobre las distintas aristas de este vínculo, por ejemplo, la historia de la fragilidad del libro ante el poder de turno en las diferentes épocas: “El libro como amenaza y la lectura como desafío a la autoridad instituida impregna la larga trayectoria de la censura”, señaló, e incluso analizó su vigencia, hoy en día mediada por las redes, ya que para la historiadora, el temor al escrache atraviesa los eslabones que articulan la comunidad de autores, editores, libreros y lectores, con la particularidad de que “hemos pasado de una censura ilustrada a una censura de la ignorancia”.

A partir del interrogante ¿para qué sirve la historia? Ternavasio analizó los límites entre la ficción y la realidad. En este sentido, mencionó distintas tensiones y disputas que se dan en torno a la verdad y la memoria y que atraviesan el oficio del historiador, entendiendo que el objeto de estudio requiere “distinguir la disciplina histórica de la naturaleza múltiple y plural de la memoria, abierta siempre a la dialéctica del recuerdo y el olvido, y de sus usos en la arena política con el fin de justificar acciones presentes en pasados por lo general imaginarios”.

La historiadora abordó además la trayectoria de la industria editorial argentina, con sus épocas “de oro” y momentos de crisis; y ahondó en el lugar que ocupó y ocupa nuestra ciudad, como centro cultural vibrante y plural, en dicha industria.

En el cierre de su discurso, retomó a la filósofa Hanna Arendt, quien insistía en recuperar “el don de la palabra” para recomponer la “condición humana” y apostar por una vida en común: “Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura, donde lo impronunciable perfora el umbral de lo decible, creo que nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra y capitalizar la pausa creativa en pos de construir un porvenir que ponga en valor el idioma de la democracia, el pluralismo, la igualdad y la justicia”.