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La economía no arranca

La caída de la actividad, el recorte de las proyecciones de crecimiento y el deterioro de distintos indicadores económicos encienden señales de alerta. Por Diego Añaños en Radioactividad.

Para Diego Añaños, el problema de fondo está en la falta de demanda: las empresas no invierten si no tienen expectativas de vender y obtener ganancias. Mientras el Gobierno cuestiona las mediciones, la economía muestra signos de estancamiento.

Un gobierno que se define como liberal y favorable al mercado enfrenta una paradoja: la inversión se mantiene en niveles muy bajos. Sin embargo, para Diego Añaños, la explicación no es nueva ni contradictoria con la lógica capitalista. Las empresas invierten cuando esperan vender y obtener ganancias. Si no hay demanda suficiente, producir más pierde sentido. Añaños encuentra en las ideas de Karl Marx, particularmente en sus desarrollos sobre el problema de la realización, una clave para entender por qué la inversión no despega.

En paralelo, los indicadores económicos alimentan las advertencias sobre una posible recesión. La caída de la actividad durante el segundo trimestre y el retroceso registrado en julio refuerzan esa preocupación. Añaños señala que, para evitar una contracción durante el tercer trimestre, la economía debería experimentar un repunte significativo en agosto y septiembre, un escenario que considera poco probable. A esto se suma el recorte de las proyecciones de crecimiento de distintos organismos y actores financieros, desde el Banco Mundial y el FMI hasta JP Morgan y los participantes del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central.

Frente a este panorama, el debate también alcanza a las estadísticas oficiales. Desde el Gobierno y sectores cercanos se cuestiona la precisión de las mediciones de actividad, entre otros motivos, por el uso de una matriz de insumo-producto basada en información de 2004-2005. Añaños considera que revisar los instrumentos estadísticos puede ser atendible, pero advierte que eso no modifica la realidad económica. Cambiar la forma de medir la pobreza no reduce la cantidad de personas pobres, del mismo modo que discutir los indicadores de actividad no revierte por sí solo la caída del consumo o de la producción.

Para el analista, el diagnóstico debe construirse a partir de un conjunto de variables: el aumento del desempleo y la precarización laboral, la caída de la recaudación tributaria, el crecimiento de las deudas familiares, el incremento de la pobreza y el cierre de empresas. Estos factores, sostiene, refuerzan el riesgo de recesión o, al menos, de un prolongado estancamiento. La conclusión apunta al núcleo del problema: si Marx ayuda a comprender las dificultades para realizar las ganancias, John Maynard Keynes permite explicar por qué la falta de demanda efectiva limita el crecimiento. La inversión no responde solamente a las condiciones que ofrece el mercado, sino también a las expectativas de venta. Y, para Añaños, esa es la dificultad que el Gobierno todavía no termina de reconocer.