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¿Se puede teñir ropa sin contaminar? El proyecto argentino que desarrolla pigmentos a partir de bacterias

Protiva, un proyecto creado por jóvenes profesionales argentinos, trabaja en el desarrollo de pigmentos biodegradables producidos por bacterias para reemplazar los colorantes tradicionales de la industria textil. Gonzalo Pulka, ingeniero textil y cofundador del proyecto, explicó cómo funciona el proceso y cuáles son los desafíos para llevarlo a escala industrial

¿Es posible teñir ropa sin recurrir a sustancias contaminantes? Esa es la pregunta que se propuso responder un equipo argentino de jóvenes profesionales que trabaja en una alternativa a los colorantes tradicionales de la industria textil: pigmentos biodegradables producidos a partir de bacterias.

El proyecto se llama Protiva y nació del encuentro entre profesionales de distintas disciplinas. Gonzalo Pulka, ingeniero textil, cofundador y director del proyecto, explicó que la iniciativa surgió a partir del trabajo conjunto con biólogos y una microbióloga, con el objetivo de desarrollar una alternativa que permita reducir el uso de sustancias tóxicas y metales pesados en la producción de colorantes.

La apuesta tiene además una particularidad: buscar que esta innovación pueda incorporarse a los procesos que la industria textil ya utiliza, sin necesidad de modificar completamente sus sistemas de producción.

El procedimiento comienza con bacterias capaces de producir pigmentos. Los microorganismos son cultivados dentro de biorreactores y, posteriormente, el pigmento es extraído para desarrollar una formulación basada en principios de química verde.

Un punto importante del proceso es que el producto final no contiene microorganismos vivos. De esta manera, la bacteria funciona como una especie de fábrica biológica capaz de producir el pigmento, pero no forma parte del producto que posteriormente se aplica sobre los textiles.

El equipo ya cuenta con alrededor de 150 bacterias aisladas, que permiten obtener diferentes gamas de colores. El primer producto desarrollado y validado por Protiva es un pigmento marrón, aunque el objetivo es ampliar progresivamente la paleta disponible.

El desafío ahora es pasar de la etapa de desarrollo a una producción que pueda responder a las necesidades de la industria. Para eso, uno de los principales obstáculos es conseguir que el proceso pueda escalarse manteniendo las características del pigmento.

También existe otro desafío fundamental: la resistencia del color. Los pigmentos deben soportar condiciones habituales de uso de las prendas, especialmente los lavados y la exposición a la luz solar. Lograr que los colores biológicos tengan una durabilidad comparable con los pigmentos tradicionales es uno de los puntos centrales para que puedan convertirse en una alternativa comercial.

Protiva comenzó prácticamente como una “empresa de garage” y fue creciendo a través de concursos, programas de aceleración y diferentes fuentes de financiamiento destinadas a investigación y desarrollo.

Ahora el proyecto busca dar el siguiente paso: escalar la producción del pigmento y avanzar en la búsqueda de clientes tanto en Argentina como en otros mercados textiles. Entre los países que aparecen como posibles destinos están Brasil, Perú, Colombia e India.

La iniciativa apunta así a intervenir sobre uno de los problemas ambientales asociados a la industria textil y al crecimiento del llamado fast fashion: encontrar formas de producir los colores que utilizamos cotidianamente con un menor impacto sobre el ambiente.