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Un libro analiza el impacto de la inteligencia artificial y el retroceso de la regulación

La socióloga e investigadora Flavia Costa analiza en “Vidas artificiales”, la aceleración tecnológica impulsada por la pandemia, los peligros de la desregulación política en Argentina y los efectos cognitivos de una herramienta que redefine nuestra propia mente. En “El Día Esta Después” brindó su mirada sobre la temática.

La investigadora del CONICET Flavia Costa acaba de lanzar su libro “Vidas artificiales. Del accidente pandémico a las guerras de la IA”, una bitácora que busca dejar un registro de época sobre los vertiginosos cambios tecnológicos actuales.

En “El Día Está Después” de Radio UNR, Costa explica que la inteligencia artificial “no es nueva, sino que tiene una historia de al menos 70 años, pero que la pandemia de COVID-19 funcionó como un potente shock de virtualización”.

Este hito no implicó necesariamente un ingreso masivo de nuevos usuarios a internet, sino un cambio rotundo en sus usos cotidianos, vinculados ahora a trámites de ciudadanía y educación. Este escenario consolidó una base de datos vivos sobre nuestros comportamientos en plataformas, la cual alimenta directamente a los sistemas de inteligencia artificial generativa.

“La guerra también es la guerra cognitiva, la guerra por la atención, por la adicción, por esta este ambiente intoxicado en el que estamos conversando”.

AVANCES Y REGULACIONES. En un escenario donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la regulación estatal corre de atrás, planteando un grave desafío para las sociedades. Mientras la Unión Europea y Corea del Sur han logrado establecer leyes integrales marco para mitigar riesgos, en Argentina la situación es preocupante debido a una decisión política deliberada de no regular, ejemplificada por las declaraciones de Sturzenegger en Davos.

Costa advierte que esta falta de control expone a los ciudadanos a graves incidentes sociales y culturales. Para contrarrestar esta desprotección, la especialista propone la urgencia de trabajar en tres niveles normativos (la recomendación ética, la ley nacional y la normativa industrial de calidad) en conjunto con equipos multidisciplinarios capaces de analizar los impactos de estas tecnologías.