La demolición de los antiguos mercados de Rosario y el auge del supermercado revelan una “modernización mal entendida” que hoy se refleja en una política alejada de la mesa de los ciudadanos y una crisis que pone en riesgo la subsistencia. Alicia Acquarone en “El Día Está Después”.

El reciente “descubrimiento” de los sótanos del antiguo Mercado Norte de Rosario, en la intersección de las calles Tucumán y Mitre, ha despertado una nostalgia en la ciudad. Lo que algunos medios presentaron como un hallazgo de túneles misteriosos no era más que la infraestructura básica de un centro de abastecimiento que todos los que habitaban la zona conocían. Este episodio sirve como metáfora de una ciudad que parece haber olvidado sus raíces en nombre de una modernización mal entendida.
A mediados de los años 70 y principios de los 80, en pleno proceso militar, se decidió que los mercados frescos eran “sucios” y debían desaparecer para dar paso a los supermercados y a las “plazas secas” de cemento. Según se describe, esta transición no fue solo estética; fue una desgracia urbanística y social que eliminó el comercio de cercanía y el acceso a productos frescos, como las pescaderías que nunca regresaron al microcentro. Mientras que en ciudades de Europa o Estados Unidos estos mercados subsisten y son valorados por la ciudadanía, en Rosario se optó por el producto congelado y la maduración en cámaras, vendiéndolo como “progreso”.
Esta pérdida de identidad y de soberanía alimentaria tiene un correlato directo en la preocupación política actual.
Hoy nos encontramos en un límite de tolerancia respecto a los salarios bajos y una situación de endeudamiento preocupante. La crítica no se queda solo en el pasado; apunta al discurso actual de “libertad” del presidente, contrastándolo con la figura de San Martín, y señala que la política se ha vuelto una profesión abstracta lejos de la gente.
El riesgo no es solo electoral de cara al 2027, sino humano. Se menciona con alarma que la falta de una alimentación correcta en el primer año de vida de los niños traerá consecuencias intelectuales y sociales irreversibles en el futuro. La ciudadanía, agotada, empieza a ver que la gestión actual ha cambiado las cosas, pero para peor, poniendo en riesgo la subsistencia misma.
Para superar este desastre, no bastará con alianzas electorales circunstanciales entre partidos como el PJ o la UCR. Se requiere un proyecto sustentable y expuesto que sea capaz de convocar nuevamente al votante mediante la veracidad y la acción concreta, devolviéndole a la política su capacidad de resolver los problemas cotidianos de la mesa argentina