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La seducción del autoritarismo

El historiador Roger Chartier analiza la inquietante alianza entre regímenes autoritarios y mercados libres, advirtiendo cómo la política se ha transformado en un espectáculo que fascina a los votantes incluso en contra de sus propios intereses en diálogo con “El Día Está Después”.

La realidad política actual nos enfrenta a un diagnóstico complejo y, para muchos, desconcertante. Según Roger Chartier, asistimos a una “nueva realidad” caracterizada por la alianza entre regímenes políticos autoritarios y un “liberalismo económico salvaje” como lo advirtió en “El Día Está Después” de Radio UNR.

Esta fórmula, que tiene sus raíces en el Chile de Pinochet y los Chicago Boys, se ha desplazado de la imposición por la fuerza hacia el terreno del sufragio universal. Lo que resulta verdaderamente problemático en democracias como las de Argentina, Brasil, Francia o Italia es la adhesión de las mayorías a proyectos que parecen desafiar la lógica del bienestar socioeconómico tradicional.

Roger Chartier sugiere según paradigmas de otras épocas estamos ante un fenómeno de “alienación”, donde el votante opta por opciones que van en contra de su interés inmediato debido a factores como el nacionalismo exacerbado o el rechazo profundo a la clase política tradicional.

“Estamos frente a una fascinación por un espectáculo del poder donde lo que antes parecía impensable o causaba disgusto, hoy resulta atractivo e incluso divertido”.

Este cambio de paradigma se explica, en parte, a través de la “sociedad del espectáculo”. A diferencia de las derechas antiguas, que buscaban ser “presentables” a pesar de su crueldad, figuras contemporáneas (desde Donald Trump hasta otros líderes actuales) basan su fuerza en la extravagancia y en romper los límites de lo posible. La política ha dejado de ser una discusión sobre programas económicos para convertirse en una forma de entretenimiento que normaliza lo que antes era intolerable.

Finalmente, el desafío que plantea Chartier es la necesidad de pensar estos fenómenos desde las ciencias sociales y la filosofía política. No se trata simplemente de un retorno al pasado, sino de una configuración inédita de adhesión política que se desprende del interés material para dejarse seducir por la estética de un poder despótico y, a la vez, fascinante.