Tras el devastador terremoto que afectó el centro y oeste del país, las autoridades confirman más de 220 muertos y miles de heridos, mientras los equipos de rescate trabajan entre las más de 60 réplicas registradas. Jimmy Yesid Sandoval, periodista colombiano brindó detalles de la situación.

El pasado 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, un violento terremoto de magnitud 7.4 en la escala de Richter sacudió a Colombia, afectando principalmente a nueve departamentos y ciudades como Quibdó, Pereira, Armenia y Manizales.
Según las cifras oficiales más recientes, se han confirmado al menos 181 personas fallecidas y más de 1.246 heridos, aunque otros reportes elevan la cifra de víctimas fatales a 220.
El sismo provocó el colapso de miles de edificaciones, dejando a un número indeterminado de personas atrapadas bajo los escombros y obligando a la apertura de refugios provisionales para las familias que perdieron sus hogares como cuenta Jimmy Yesid Sandoval (Comunicador Social – Periodista de la Asociación Colombiana de Periodistas) en diálogo con “El Día Está Después” de Radio UNR.
La catástrofe ocurre apenas cuatro días después de la toma de posesión del presidente Abelardo de la Espriella, quien debió abandonar las festividades en Medellín para trasladarse a Bogotá y coordinar las labores de socorro desde el puesto de mando unificado.
LA SITUACIÓN ES CRÍTICA, y ya se ha iniciado la distribución de artículos de primera necesidad como alimentos no perecederos, carpas y cobijas en las zonas más golpeadas. Entre las historias de dolor que emergen de la tragedia, se destaca la búsqueda de Carlos Luis Cáceres, un ciudadano argentino de 69 años residente en Pereira, quien permanece desaparecido tras el sismo.
DESDE EL PUNTO DE VISTA GEOLÓGICO, el Servicio Geológico Colombiano ha reportado más de 60 réplicas, algunas con intensidades superiores a los 4 grados, lo que ha generado una constante desazón en la población.
Expertos como Jimmy Yesid Sandoval recuerdan que Colombia es un territorio de alta sismicidad por su ubicación en el “cordón de fuego del Pacífico” y la confluencia de tres ramas de la cordillera de los Andes.
A pesar de la magnitud del evento, Sandoval señaló que las normativas de sismorresistencia aplicadas en los últimos años permitieron que muchas estructuras modernas resistieran el movimiento sin colapsar, evitando que el desastre fuera de proporciones aún mayores.
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