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“Casa Discepolin”: un documental recupera la experiencia teatral que marcó la resistencia cultural en Rosario

La película dirigida por Juan Carlos Frilochi reconstruye cuatro décadas de historia a partir de más de 30 testimonios y un valioso archivo audiovisual. Se estrenará el 25 de julio en el Cine El Cairo, con entrada gratuita, para rescatar una de las experiencias artísticas y políticas más influyentes de la ciudad durante la transición de la dictadura a la democracia

Una de las experiencias más emblemáticas del teatro independiente rosarino llegará a la pantalla grande con el estreno de “Casa Discepolin. Érase una vez una comuna teatral”, un documental que reconstruye la historia de un colectivo artístico que dejó una profunda huella en la cultura local y en la militancia cultural de los años finales de la última dictadura militar.

La película, dirigida por Juan Carlos Frilochi, tendrá una única función el próximo 25 de julio en el Cine El Cairo, con entrada libre y gratuita. El trabajo es el resultado de cuatro años de investigación, más de treinta entrevistas de larga duración y un exhaustivo relevamiento de archivos audiovisuales inéditos.

En diálogo con Notas de Papel, Frilochi explicó que el documental nació con la intención de comprender qué significó realmente Casa Discepolín y cuál fue el legado de quienes integraron aquella experiencia colectiva.

“Escuché durante meses a 31 protagonistas hasta encontrar un relato posible. Cada uno podría contar una historia distinta, pero el objetivo era construir una narración que permitiera entender qué fue ese fenómeno”, señaló el director.

Un teatro que también fue militancia

La historia de Casa Discepolín se remonta a los años setenta y encuentra sus raíces en Arteón, el histórico grupo fundado por Néstor Zapata. Tras diferencias internas, una parte de sus integrantes, encabezados por Chiqui González, impulsó un nuevo espacio con una lógica diferente: una organización horizontal, comunitaria y asamblearia donde el teatro convivía con el compromiso político y social.

El documental recorre esa experiencia desde sus orígenes hasta su consolidación como uno de los principales focos culturales de Rosario durante la recuperación democrática.

Para Nelson Navaca, actor, narrador del documental e integrante de Casa Discepolin desde su adolescencia, aquella propuesta fue mucho más que un grupo teatral.

“Era una forma de hacer cultura en comunidad. Las obras hacían preguntas sobre la dictadura, sobre los desaparecidos, sobre los jóvenes y sobre la sociedad cuando todavía esos temas casi no podían discutirse públicamente”, recordó.

La investigación también permite seguir el recorrido posterior de quienes participaron de aquella experiencia colectiva.

Por el documental desfilan testimonios de figuras como Chiqui González, Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Luis Rubio, Norman Briski, Dante Taparelli, Miguel Roig, Rodolfo Bertol, Cacho Palma y numerosos artistas e intelectuales que luego ocuparían un lugar central en la vida cultural rosarina y nacional.

Navaca sostuvo que la gran pregunta del documental fue descubrir qué quedó de aquella experiencia y cómo ese proyecto colectivo moldeó a una generación de referentes culturales.

“La mayoría de quienes pasaron por Casa Discepolin siguieron siendo hacedores culturales. Esa es quizás la principal huella que dejó”, explicó.

Uno de los mayores desafíos de la producción fue recuperar imágenes filmadas en Super 8, registros caseros y documentos conservados durante décadas por antiguos integrantes del grupo y por el archivo audiovisual de Mario Piazza.

Ese material permite reconstruir ensayos, funciones, encuentros y actividades que hasta ahora permanecían prácticamente desconocidos para el público.

Frilochi destacó que la película busca dialogar especialmente con las nuevas generaciones, muchas de las cuales conocen el nombre de Casa Discepolin, pero no el alcance de la experiencia que representó.

“Había una forma de trabajar colectivamente que hoy cuesta encontrar. El entusiasmo era el motor de todo. Como dice Norman Briski en el documental: ‘Si no hay entusiasmo, no hay nada'”, señaló.

Una historia que interpela el presente

Además de recuperar una etapa fundamental de la cultura rosarina, el documental propone reflexionar sobre el lugar del arte como herramienta de organización social, participación política y construcción comunitaria.

En ese sentido, tanto Frilochi como Navaca coincidieron en que la película dialoga con debates actuales sobre la participación colectiva, la producción cultural independiente y la memoria democrática.

“En los años ochenta hacíamos obras sobre los desaparecidos, sobre los derechos de las mujeres o sobre los adolescentes cuando esos temas todavía no ocupaban el centro del debate público. Hoy la pregunta es otra: por qué dejamos de hacernos preguntas”, reflexionó Navaca.

La proyección de “Casa de Discepolin. Érase una vez una comuna teatral” será el viernes 25 de julio a las 18 en el Cine El Cairo. La entrada será gratuita y deberá retirarse previamente en la boletería de la sala, que abrirá una hora antes de la función