Lo que se ha alcanzado entre Estados Unidos e Irán no es un tratado de paz, sino un memorándum de entendimiento. Por Pablo Bilsky en “La Marca de la Almohada”.

Este documento funciona como un borrador inicial que, a diferencia de un acuerdo definitivo, no genera obligaciones jurídicas inmediatas y se maneja bajo una “vaguedad constructiva”. Aunque Trump intente venderlo como una victoria cerrada, se trata de un proceso zigzagueante y lento donde todavía faltan definir temas críticos como las fronteras, compensaciones monetarias y la devolución de fondos embargados.
La urgencia detrás de este gesto diplomático radica en la crisis energética global y la necesidad de abrir el Estrecho de Ormuz. El bloqueo actual ha disparado los costos de los seguros navieros, afectando intereses de potencias como China, que ha presionado para destrabar el conflicto. Sin embargo, incluso con una firma inmediata, los problemas logísticos y técnicos en el estrecho persistirán, lo que relativiza el impacto real del anuncio en el corto plazo.
Finalmente, el trasfondo de este acuerdo con Irán es puramente electoral para Donald Trump, quien enfrenta una situación interna adversa con alta inflación y encuestas desfavorables para las legislativas de noviembre. El presidente busca un triunfo político, aunque sus objetivos originales —la caída del régimen iraní y el fin del plan nuclear— siguen sin cumplirse.
Con un Irán que se niega a entregar su uranio enriquecido y un Israel que no retira sus tropas, el camino hacia una paz regional definitiva continúa siendo incierto.
PERÚ: EL FANTASMA DEL FUJIMORISMO EN UN EMPATE TÉCNICO
Mientras el foco global mira a Oriente Medio, Perú atraviesa una situación crítica con un empate prácticamente perfecto entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Con más del 98% de los votos escrutados, Fujimori mantiene una ventaja mínima de unos 30,000 votos que podría judicializarse por las actas observadas en Lima.
Este escenario plantea un posible “regreso pesadillesco” del fujimorismo, una fuerza que, a pesar de sus antecedentes de corrupción y terrorismo de Estado, mantiene el control estratégico del Congreso peruano.