Referentes de organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, sindicalistas y militantes participaron del velatorio realizado en la sede de Foetra. La histórica integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora murió a los 95 años

El último adiós a Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida por todos como Taty Almeida, reunió este lunes a referentes de organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, sindicalistas, familiares y militantes en la sede del sindicato de las telecomunicaciones Foetra. Allí se realizó el velatorio de una de las figuras más emblemáticas de la lucha por Memoria, Verdad y Justicia en la Argentina.
La despedida se desarrolló a cajón cerrado, tal como había dispuesto su familia. Junto al féretro se ubicó una fotografía en la que se la veía sonriente, una imagen que sintetizaba el espíritu con el que atravesó décadas de militancia y acompañó a quienes se acercaron a rendir homenaje a una mujer que convirtió el dolor personal en una causa colectiva.
Entre las voces que expresaron su pesar estuvo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien recordó la extensa relación que las unió. “Es una noticia tristísima. Con Taty luchamos y sufrimos juntas durante muchos años”, afirmó. También destacó el carácter de Almeida y su permanente buen humor: “Teníamos una relación muy risueña por su temperamento alegre. Me parece mentira que no escuche más sus chistes, que no pueda escuchar más su voz, que no nos riamos más juntas”.
Carlotto también se refirió al contexto político actual y descartó que el Gobierno nacional impulse algún reconocimiento oficial a la histórica referente de derechos humanos. “No creo. Esa gente nos odia; al contrario, deben estar brindando”, sostuvo. Y añadió: “Tenemos que fortalecernos para lo que sigue y para que nunca más suceda lo que hemos tenido que sufrir nosotros”.
La historia de Taty Almeida quedó marcada para siempre por la desaparición de su hijo, Alejandro Martín Almeida. El joven tenía 20 años, trabajaba en la agencia de noticias Télam y fue secuestrado en junio de 1975 por la organización parapolicial Triple A, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón.
A partir de esa tragedia comenzó un recorrido militante que la llevó a integrarse a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y a convertirse en una de sus principales referentes. Con el paso del tiempo, su figura trascendió las fronteras partidarias y quedó asociada a una consigna que repitió hasta sus últimos días: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.
Docente de profesión y activista por convicción, Almeida dedicó gran parte de su vida a reclamar justicia por los desaparecidos de la última dictadura y a sostener la memoria colectiva como una herramienta contra el olvido. Su presencia fue constante en marchas, actos, juicios y actividades educativas, siempre con una voz firme y una enorme capacidad de diálogo con las nuevas generaciones.
Taty Almeida falleció este domingo a los 95 años. Su nombre quedó ligado para siempre a la defensa de los derechos humanos y a una de las luchas más trascendentes de la historia argentina: la búsqueda de verdad y justicia frente a los crímenes del terrorismo de Estado.