El doctor en filosofía Tomás Balmaceda y autor del libro “Saber o no saber” reflexiona sobre la pérdida del prestigio docente, la fe ciega de los estudiantes en los chatbots y la necesidad de transformar la escuela en un espacio de pensamiento crítico frente a la eficiencia de las máquinas.

Tomás Balmaceda, coautor del libro “Saber o no saber” junto a Silvia Bacher, plantea que “el sentido de la educación atraviesa una crisis profunda debido a que gran parte de la formación tradicional, antes enciclopédica, hoy es un commodity disponible en cualquier celular”.
En diálogo con Radio Universidad Rosario, el filósofo advirtió que “la sociedad actual confunde la eficiencia con el aprendizaje, olvidando que el aula debe ser el espacio del proceso, el error y la demora, y no solo de los resultados inmediatos”.
EL ROL DE LA ESCUELA. Según Balmaceda, es fundamental que la escuela recupere su rol de formar ciudadanos plenos capaces de discernir y tener una visión crítica, en lugar de limitarse a ser usuarios de plataformas digitales diseñadas con fines comerciales.
Uno de los mayores desafíos que enfrentan los docentes hoy es la “fe” que los estudiantes depositan en la inteligencia artificial, asumiendo que las respuestas de los chatbots son conocimiento infalible y neutral. Balmaceda relata que muchos alumnos entregan trabajos realizados con herramientas como ChatGPT no solo por facilidad, sino bajo la convicción de que ellos no podrían superar la perfección técnica del dispositivo.
Ante esto, el autor propone actividades que fomenten la búsqueda de errores en los algoritmos y la discusión de sus sesgos ideológicos, enfatizando que el rol de la universidad y la escuela no es enseñar a “programar” o “promptear”, sino generar criterio y subjetividad en los jóvenes.
“UTOPÍA PIRATA”. Finalmente, la nota aborda la necesidad de una “utopía pirata” para la educación en América Latina, un concepto que propone construir sistemas propios e independientes adaptados a nuestra realidad regional. Balmaceda sostiene que “la clave de estos tiempos cambiantes reside en la interdisciplinariedad, combinando los conocimientos técnicos con las humanidades para entender el poder detrás de las herramientas digitales”.
En un contexto de desvalorización del trabajo docente y desfinanciación educativa, el filósofo invita a “reivindicar el aula como el lugar del encuentro con lo diferente”, donde se desarrollen habilidades humanas que permanezcan vigentes a pesar de los constantes cambios tecnológicos.