La columna de Pablo Bilsky analizó la reducción de penas al expresidente brasileño, nuevas amenazas de Estados Unidos sobre Cuba y el escenario en Medio Oriente, con foco en el uso político del concepto de “terrorismo” y el impacto geopolítico de estas decisiones

La agenda internacional volvió a mostrar signos de inestabilidad y disputa de poder en distintos frentes, con decisiones políticas que, según el análisis del columnista Pablo Bilsky en La Marca de la Almohada, configuran un escenario de retrocesos institucionales y creciente tensión global.
Uno de los ejes principales fue la situación en Brasil, donde el Congreso aprobó una reducción de penas que beneficia al expresidente Jair Bolsonaro y a cientos de implicados en los ataques a las instituciones ocurridos en enero de 2023. “Es un gran retroceso para América Latina”, sostuvo Bilsky, al advertir que una condena de 27 años podría quedar reducida a un régimen más flexible en un plazo mucho menor.
El análisis remarcó que la decisión tiene un trasfondo político claro y se inscribe en la disputa interna con el presidente Lula da Silva, en un contexto donde el Congreso comienza a marcar límites al Ejecutivo de cara a futuros procesos electorales. Además, cuestionó los argumentos utilizados para justificar la medida, a los que calificó como “débiles” y vinculados a supuestas razones humanitarias.
A partir de ese caso, la columna introdujo una reflexión más amplia sobre el uso del término “terrorismo” en la política internacional. Según Bilsky, existe una aplicación selectiva del concepto que depende de intereses geopolíticos, lo que condiciona la forma en que se interpretan conflictos y actores en distintas regiones del mundo.
En ese marco, se abordaron también las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien volvió a amenazar con una eventual intervención en Cuba. El mandatario planteó incluso la posibilidad de una acción militar tras un eventual desenlace en Medio Oriente, en un tono que el analista describió como propio de una lógica unilateral y sin apego al derecho internacional.
“La forma en que se expresa no es menor: habla desde un lugar de poder absoluto, sin considerar normas ni consecuencias”, señaló Bilsky, al tiempo que advirtió sobre el riesgo de naturalizar este tipo de discursos en la escena global.
El análisis incluyó además referencias a la situación en Irán y a las tensiones en el estrecho de Ormuz, donde se registraron nuevos episodios de confrontación. En ese contexto, se puso en duda la narrativa sobre supuestos levantamientos populares en distintos países, al observar que en casos recientes no se verificaron reacciones internas acordes a esas versiones.
Finalmente, la columna planteó que América Latina no queda al margen de estas dinámicas y que las advertencias sobre posibles intervenciones o presiones externas deben leerse en clave regional. En ese sentido, se mencionaron movimientos militares y declaraciones de funcionarios estadounidenses que amplían el foco más allá de Cuba.
El panorama, concluyó Bilsky, combina disputas internas, tensiones geopolíticas y un uso estratégico del discurso que obliga a analizar cada escenario con mayor profundidad y perspectiva crítica.