En “Apuntes y Resumen” el economista Marco Kofman, de MATE, advierte sobre un crecimiento explosivo de los impagos en créditos al consumo y billeteras virtuales, denunciando tasas de interés que superan el 200% anual y una pérdida masiva de ingresos que ha dejado a los hogares en una situación de extrema fragilidad.

La morosidad en las familias argentinas lleva 16 meses en aumento, alcanzando niveles que no se registraban desde la crisis de 2004. Según explica el economista Marco Kofman, integrante del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), en “Apuntes y Resumen” de Radio UNR, este fenómeno “tiene su raíz en una caída drástica de los ingresos de los hogares, estimados en una pérdida de 58 billones de pesos desde el inicio de la gestión actual”.
Ante esta situación, las familias inicialmente consumieron sus ahorros y luego recurrieron al endeudamiento para sostener el consumo básico, pero ese “amortiguador” se ha quebrado: hoy los hogares ya no tienen capacidad de tomar nueva deuda y enfrentan saldos que no pueden pagar en los términos acordados.
El panorama es especialmente crítico en los créditos vinculados al día a día, donde la morosidad en préstamos personales saltó del 3% al 14%, y en tarjetas de crédito del 2% al 12%.
DEUDA EN DÓNDE. Sin embargo, el dato más preocupante surge de las billeteras virtuales y entidades financieras no bancarias, donde el impago alcanza al 34,4% de los usuarios, afectando principalmente a los sectores más vulnerables. Kofman denuncia que las entidades financieras están aplicando tasas de interés reales de cuatro puntos mensuales por encima de la inflación, lo que representa un costo financiero anual de hasta el 220%, una cifra sin precedentes que se vuelca sobre “la espalda de los hogares” tras la desregulación de las tasas por parte del Banco Central.
CRUJE EL MODELO. Esta crisis de deuda está transformando la realidad laboral y social de Argentina, con un modelo económico que comienza a “crujir” debido a la falta de demanda interna.
“Se han registrado casos de trabajadores formales que prefieren renunciar a sus empleos y pasar a la informalidad para evitar que los descuentos automáticos de las cuotas de los préstamos les dejen el recibo de sueldo en cero”, dijo Kofman.
Mientras los sectores que crecen, como el energético o el agroexportador, no logran compensar la pérdida de empleos en la industria y la construcción, la economía se muestra “destartalada” y sumamente frágil ante cualquier eventual bache futuro, habiendo agotado ya todos sus mecanismos de contención social y financiera.