Un informe del CEPA revela que la irregularidad en los pagos se disparó debido a la caída del salario real y el uso forzado de tarjetas de crédito para cubrir gastos básicos como alimentos y remedios. En “Un Programa Perfecto” Florentina Martoccia, tesista de Ciencia Política de UNR brindó detalles de la situación.
La situación económica de las familias argentinas presenta signos de alarma extrema, con niveles de morosidad que remiten a los peores momentos de la historia reciente. Según datos analizados por Florentina Martoccia, integrante del CEPA en diálogo con “Un Programa Perfecto”.
En el informe se conoce que la irregularidad en el pago de créditos alcanzó un 10,6%, una cifra que marca el máximo de la serie histórica y que solo fue superada durante la crisis de 2001. Este fenómeno se ve impulsado por la facilidad de acceso a préstamos a través de billeteras virtuales y un crecimiento exponencial de la morosidad en préstamos personales, que pasó del 3,4% en octubre de 2024 al 13,2% en la actualidad.
DEUDAS. El informe destaca que el endeudamiento actual no responde a consumos de lujo, sino a la necesidad de cubrir la vida cotidiana: el supermercado, la farmacia y los útiles escolares. La deuda promedio por deudor en mora se estima en unos 4 millones de pesos, lo que genera intereses mensuales cercanos a los 240.000 pesos, una carga financiera que asfixia a los hogares.
En este contexto, muchos consumidores caen en la “trampa” de pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, lo que incrementa la deuda de forma permanente y hace que las entidades bancarias lleguen a retener porcentajes significativos de los sueldos para cobrarse los saldos pendientes.
PODER ADQUISITIVO. El trasfondo de esta crisis financiera es una caída drástica del poder adquisitivo que el CEPA sitúa en un 17,1% de pérdida del salario real entre noviembre de 2023 y enero de 2026. Esta pérdida de valor de los ingresos ha provocado un descenso constante en el consumo de supermercados mes a mes, mientras las deudas informales con vecinos o almacenes también crecen como último recurso de subsistencia.
Con una inflación que no da tregua y salarios que no logran recuperarse, el panorama para los trabajadores y trabajadoras sigue siendo de una complejidad profunda y creciente.