En “Apuntes y Resumen”, Juan Ramos, presidente de la Sociedad de Carniceros de Rosario, advirtió que los aumentos de febrero alcanzaron el 18% y destacó cómo el “ingenio” de los consumidores está desplazando la tradicional compra de cortes vacunos hacia el pollo y el cerdo.

La situación en las carnicerías de Rosario atraviesa un momento crítico marcado por una fuerte caída en las ventas y un cambio estructural en la dieta de los ciudadanos. Según Juan Ramos, presidente de la Sociedad de Carniceros local en diálogo con “Apuntes y Resumen” de Radio UNR, “el mes de febrero registró aumentos de hasta el 18% en los productos cárnicos”.
Esta escalada de precios ha llevado a que el consumo de carne vacuna en el país alcance su promedio más bajo en los últimos 20 años, debido principalmente a la pérdida del poder adquisitivo y a una oferta limitada por el estancamiento del stock ganadero nacional frente al atractivo de la exportación.
NUEVOS CONSUMOS. La disparidad de costos entre los distintos tipos de proteína animal es hoy el factor determinante en el mostrador. Mientras que un kilo de pulpa especial de novillo oscila entre los 24.000 y 25.000 pesos, su equivalente en cerdo (el jamón) se consigue por aproximadamente 10.000 pesos. Esta brecha de 14.000 pesos por kilo ha provocado un vuelco masivo de los clientes hacia el cerdo y el pollo, este último con valores que rondan los 5.000 pesos.
Los carniceros locales señalan que intentan no trasladar el total de los aumentos para evitar una parálisis mayor de la actividad, aunque los costos fijos continúan en alza.
Este escenario económico ha forzado la aparición de nuevos hábitos de consumo que antes eran inexistentes o marginales. Cortes de cerdo que históricamente se usaban para la parrilla o preparaciones agridulces, como la pulpa de jamón, ahora se demandan para realizar milanesas, hamburguesas o carne picada, compitiendo directamente con los usos tradicionales de la vaca.
Ramos destaca que hace tres generaciones esto era impensado, ya que el consumo de cerdo se limitaba a la costeleta o el pechito, pero hoy la necesidad obliga a buscar alternativas más económicas en la góndola.
SIN RITUAL DEL ASADO. Incluso el ritual del asado se ha visto modificado por la crisis. Para cuatro personas, un asado convencional puede superar los 40.000 pesos solo en carne, lo que ha llevado a los rosarinos a “aguzar el ingenio” e incorporar de forma habitual pollo, pechito de cerdo y más verduras a la parrilla para abaratar costos.
A pesar de que los comerciantes buscan ofrecer opciones para mantener sus negocios abiertos, la realidad del mercado refleja una clase media que ya no avala los precios de la carne vacuna y se refugia en cortes populares para sostener su alimentación diaria.