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El bolsonarismo vuelve a mostrar su fuerza

Flávio Bolsonaro quedó primero en la elección presidencial brasileña, con una ventaja estrecha sobre Luiz Inácio Lula da Silva. El resultado expone la fortaleza de la derecha y plantea un escenario complejo para el Partido de los Trabajadores de cara al balotaje del 25 de octubre. Por Coco López para “El Día Está Después”.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó un resultado que va más allá de la diferencia entre dos candidatos. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% alcanzado por Luiz Inácio Lula da Silva. La distancia es ajustada, pero su significado político es contundente: el bolsonarismo conserva una base electoral de enorme peso y vuelve a disputar el gobierno de la principal potencia de América Latina. El resultado también se inscribe en un contexto regional marcado por el crecimiento de las derechas y la disputa por el rumbo político de los países latinoamericanos.

La victoria parcial de Flávio Bolsonaro tiene una dimensión personal y otra familiar. Considerado por algunos sectores como un candidato de menor peso que su padre, consiguió más de 56 millones de votos y consolidó su posición como referente de la derecha brasileña. Su discurso de cambio y su declaración sobre el supuesto final de la era del PT buscaron instalar la idea de que el ciclo político iniciado por Lula está agotado. Sin embargo, la elección todavía no está definida: el balotaje será una nueva instancia de disputa, en la que ambos candidatos deberán ampliar sus apoyos y movilizar a quienes no participaron de la primera vuelta o eligieron otras opciones.

Para Lula, el escenario representa un desafío significativo. El presidente busca la reelección para un cuarto mandato no consecutivo, pero llega a la segunda vuelta con un margen acotado para sumar nuevos respaldos dentro del espacio progresista. La abstención, que superó los 33 millones de electores según el recuento mencionado en el análisis, aparece como una variable relevante, mientras que Bolsonaro puede aspirar a captar una parte importante de los votos de los candidatos de derecha que quedaron fuera de la contienda. En este escenario, la capacidad de movilizar a los votantes será tan importante como las alianzas políticas.

La disputa también tiene una dimensión simbólica que no puede soslayarse. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años por su participación en una trama golpista vinculada al intento de desconocer el resultado electoral de 2022, y su hijo prometió indultarlo si llega a la presidencia. Esa promesa coloca en el centro del debate la relación entre el poder político, las instituciones democráticas y la rendición de cuentas. El 25 de octubre, Brasil no solo elegirá entre Lula y Flávio Bolsonaro: volverá a poner en discusión la continuidad de dos proyectos políticos antagónicos y el lugar que ocupará el bolsonarismo en el futuro del país.