Según los datos de agosto de la Usina de Datos de la UNR, la Canasta Básica Alimentaria subió un 8% y el costo de vida mínimo se disparó. La coordinadora del espacio, Paula Durán, advirtió sobre la pérdida del poder adquisitivo, la precarización del trabajo y el endeudamiento de los hogares para cubrir gastos de primera necesidad.

Paula Durán, coordinadora de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), analizó en El Día Está Después los últimos indicadores sobre el costo de vida en la ciudad correspondientes a agosto y trazó un diagnóstico crítico sobre la situación socioeconómica actual. Según el informe del centro de estudios universitario, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró un aumento del 8% respecto al mes anterior, fijando el umbral de indigencia en 221.197 pesos por persona, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) se ubicó en 601.211 pesos para no ser pobre.
Al explicar la dinámica de los incrementos, la investigadora señaló que las principales subas que impulsaron el índice por encima del promedio se concentraron en productos esenciales de consumo masivo, como papas, cebollas y derivados del trigo, sumados a las subas en carnes, lácteos y aceites. “En conjunto vimos un aumento muy importante que no es ni más ni menos que esta idea de que la plata cada vez rinde menos cuando uno va a comprar la comida, o que la comida es cada vez más cara”, afirmó la especialista, detallando que una familia tipo propietaria de su vivienda necesitó 1.778.233 pesos para cubrir sus necesidades básicas, y una pareja de jubilados, 871.251 pesos.
En ese sentido, Durán enfatizó que estas cifras representan exclusivamente el límite mínimo de satisfacción de necesidades primarias, dejando al descubierto la fragilidad financiera de las personas mayores tras los recortes en la cobertura de medicamentos. “Ese bolsillo tiene que hacer frente a un montón de otros consumos que en otros momentos no se realizaban. Si hay que hacer frente a algún tratamiento, por supuesto que queda aún más insuficiente, y parte del fenómeno del aumento del endeudamiento y la morosidad tiene que ver con esto”, remarcó.
Ante la insuficiencia salarial, la referente universitaria advirtió sobre las diversas estrategias de supervivencia que despliegan las familias ante el deterioro de las condiciones de vida. “Antes de llegar al extremo de morirse en la calle, una persona tiene otras estrategias como pedir préstamos a familiares, amigos o entidades financieras, o vender sus pertenencias; todas esas estrategias están desplegadas en este momento”, sostuvo al cuestionar la mirada individualista que culpa al ciudadano por la falta de recursos en un contexto de retracción económica generalizada.
Asimismo, la coordinadora de la Usina de Datos descartó que exista un repunte en el mercado de trabajo y aclaró que la suba del monotributo no equivale a la creación de puestos genuinos. “Hay un relato oficial donde hay generación de puestos de trabajo que es mentira. Lo que hay es un aumento del monotributo de personas que se inscriben para generar alguna actividad, pero hay una caída del empleo genuino y una caída de la actividad económica”, aseveró.
Para finalizar, Durán cuestionó que los incentivos estatales se concentren de manera prioritaria en las ramas extractivas y de comercio exterior. “Lo que tiene que ver con el sector primario exportador no es el sector más dinámico en materia de generación de puestos de trabajo de calidad”, concluyó, subrayando la urgencia de impulsar un modelo productivo que reactive la industria, la construcción y el comercio local para revertir la recesión.