La actualización de los montos destinados por el gobierno provincial a la alimentación escolar volvió a poner en discusión la capacidad de los comedores para garantizar una comida nutritiva. Ivana Pintos, referente de cooperadoras escolares, advirtió que los valores establecidos no acompañan el costo real de los alimentos y que cada vez más escuelas y estudiantes requieren este servicio.

Según explicó Pintos en diálogo con El Día Está Después, desde el 1° de agosto el monto destinado por estudiante para un plato de comida es de $1.502, mientras que la copa de leche tiene asignado un valor de $626 por alumno. La resolución que establece la actualización fue publicada de manera retroactiva.
La referente tomó como ejemplo uno de los menús establecidos por la provincia, que contempla 100 gramos de carne y 200 gramos de puré. “El kilo de carne está entre 18 y 22 mil pesos. Y para 100 gramos de carne estamos hablando de 1.800 pesos”, explicó. De esta manera, señaló, los $1.502 asignados para todo el plato ni siquiera alcanzan para cubrir la porción de carne prevista en ese menú.
La situación también se refleja en la copa de leche. Pintos señaló que el incremento aplicado fue del 9,3%, mientras que el precio de los alimentos utilizados para prepararla tuvo aumentos superiores. “Ahora un litro de leche está en el promedio de 2.000” pesos, indicó, y remarcó que algunos insumos aumentaron alrededor de un 25%.
A la dificultad vinculada con los montos se suma, según explicó, el problema de los tiempos de pago. El valor correspondiente a agosto todavía no había sido depositado al momento de la entrevista, lo que impide a las cooperadoras recurrir con facilidad a compras mayoristas con financiación. Frente a esa situación, los comedores deben recurrir al ingenio para sostener las raciones. “Claramente el bife, no se lo veis, le damos la porción de carne que se coloca en el plato”, señaló, al explicar que las porciones deben reducirse o complementarse con otros alimentos.
Pintos también alertó sobre el aumento de la demanda. Escuelas que nunca habían tenido comedor o copa de leche comenzaron a solicitar el servicio, mientras que establecimientos que ya contaban con asistencia requieren más raciones. Como ejemplo, mencionó escuelas de la ciudad de Santa Fe con más de un siglo de historia que actualmente están incorporando el pedido de alimentación escolar.
Para la referente, el crecimiento de la demanda está directamente relacionado con la situación económica de las familias. “¿Cómo se soluciona esto? Con políticas públicas. Atendiendo la demanda”, sostuvo. Y agregó que detrás de cada pedido de comida hay hogares cuyos ingresos ya no alcanzan para garantizar la alimentación cotidiana.
La problemática, afirmó, también se vincula con las condiciones laborales de las familias y con el tiempo que los adultos deben permanecer fuera de sus hogares. “Los padres están mucho tiempo trabajando, mucho más que antes, y los niños se encuentran solos”, planteó Pintos, quien sostuvo que la alimentación escolar se volvió una necesidad cada vez más extendida y no una asistencia limitada a determinados establecimientos o sectores sociales.