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Claudia Albornoz y la usura: “El que tiene plata en el barrio popular para prestar es el transa”

En “El Día Está Después” la referenta nacional de La Garganta Poderosa, detalla el crudo escenario de exclusión financiera que somete a las familias vulnerables a redes delictivas de préstamos. Frente al avance del narcomenudeo y el juego clandestino, la organización comunitaria liderada por mujeres emerge como la única alternativa real para sostener la vida y disputar el territorio.

La profunda desconexión con el sistema financiero tradicional empuja a los habitantes de los barrios populares que viven bajo la línea de pobreza a recurrir a alternativas extremas para garantizar su subsistencia diaria. Al no estar bancarizados ni contar con acceso a tarjetas de crédito o cuentas formales, la posibilidad de financiación legal es nula.

En este contexto de exclusión, “el transa o vendedor de drogas local se erige como el único actor con liquidez disponible en el territorio para otorgar créditos inmediatos”, dijo Claudia Albornoz en diálogo con “El Día Está Después” de RADIO UNR.

PRÉSTAMOS INFORMALES. Estos mecanismos imponen tasas usurarias asfixiantes y plazos de devolución implacables. A diferencia del sistema financiero regulado, donde el incumplimiento de pago deriva en registros de morosidad, en el circuito informal las deudas se cobran mediante balaceras directas a las viviendas, despojos violentos de pertenencias e inclusive amenazas de muerte directas contra los vecinos.

“La situación te angustia, te ahoga, la gente no quiere deber y no le quiere deber a un transa porque sabe que después le balean la casa”.

ESTA ASFIXIA ECONÓMICA se entrelaza de manera alarmante con el avance de otras economías ilegales, como el narcomenudeo y los casinos virtuales clandestinos que operan de forma encubierta en los comedores comunitarios.

Con ingresos familiares informales que apenas rondan entre los 15.000 y 20.000 pesos diarios, muchas jefas de hogar y jóvenes se vuelcan al juego online con la ilusión de multiplicar sus recursos, terminando atrapados en espirales de deudas aún más complejas. Cuando estos compromisos se vuelven imposibles de saldar, los usureros exigen el cobro mediante coacciones violentas o forzando a los deudores a abrir bocas de expendio de drogas en sus propias viviendas, reclutando a su vez a los jóvenes endeudados como “soldaditos”.

CONSUMOS MUNDIALISTAS. Albornoz refuta categóricamente las afirmaciones oficiales que asocian este endeudamiento con consumos suntuarios, señalando que la realidad diaria obliga a las familias a trabajar sin descanso simplemente para costear los alimentos esenciales y el transporte público.

Frente al avance delictivo y el desamparo institucional, la organización vecinal impulsada de manera primordial por las mujeres es el motor que sostiene la supervivencia en los territorios más golpeados. A través de asambleas autogestionadas, compras colectivas de insumos para comedores y la creación de cooperativas textiles y de panificación, las vecinas logran amortiguar el impacto del alto costo de vida y generar alternativas de ingresos propios dentro del barrio.

ESTA ARTICULACIÓN COMUNITARIA no solo evita que las familias deban migrar hacia empleos informales precarizados cuyos magros salarios se diluyen por completo en viáticos de transporte, sino que se consolida como la única barrera de contención social y contrapoder real frente a la inserción silenciosa de las redes de narcotráfico en el país.