El gastroenterólogo Alceo Galimberti explicó en Falso Vivi que solo entre el 20 y el 30% de las personas con celiaquía presentan los síntomas más conocidos, como diarrea, distensión abdominal o malestar luego de consumir harinas. Anemia, calcio bajo, osteoporosis precoz, migrañas refractarias e infertilidad también pueden ser señales de la enfermedad
La celiaquía suele asociarse inmediatamente con síntomas digestivos, pero en muchos casos la enfermedad puede manifestarse de maneras mucho menos evidentes. Así lo explicó el gastroenterólogo Alceo Galimberti en diálogo con Falso Vivo, donde repasó cuáles son las señales que pueden llevar a sospechar de esta enfermedad y cómo se llega al diagnóstico.
Según el especialista, solamente entre el 20 y el 30 por ciento de los pacientes presentan los síntomas más conocidos, como diarrea, distensión abdominal o malestar después de consumir harinas. Esto significa que una persona puede convivir con la enfermedad sin experimentar las manifestaciones digestivas que habitualmente se relacionan con la celiaquía.
Entre las señales menos evidentes que pueden despertar sospechas aparecen la anemia que no mejora pese al tratamiento con hierro, los niveles bajos de calcio, la osteoporosis a edades tempranas, las migrañas refractarias o los problemas de fertilidad.
El diagnóstico comienza con análisis de sangre y, dependiendo de los resultados y del nivel de sospecha, puede requerir una biopsia de duodeno para confirmar la enfermedad. La detección temprana resulta fundamental para evitar las consecuencias que puede generar una celiaquía no diagnosticada.
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento fundamental continúa siendo la alimentación estrictamente libre de gluten. Se trata de una indicación que debe mantenerse de por vida, lo que implica no solamente evitar determinados alimentos sino también prestar especial atención a la posibilidad de contaminación cruzada.
En este punto, Galimberti explicó que el día a día de una persona celíaca puede resultar mucho más complejo de lo que supone simplemente “no comer harinas”. La presencia de gluten puede involucrar productos procesados, medicamentos y diferentes elementos que entran en contacto con los alimentos, por lo que el control debe ser permanente.
La contaminación cruzada constituye uno de los principales desafíos: un alimento que originalmente no contiene gluten puede dejar de ser seguro si entra en contacto con superficies, utensilios o productos contaminados. Por eso, el tratamiento requiere una alimentación libre de gluten que sea, además, segura.
La enfermedad tiene una fuerte relación con la genética, ya que existe una predisposición hereditaria, aunque esto no significa que necesariamente se manifieste durante la infancia. La celiaquía puede aparecer en distintas etapas de la vida, incluso en personas que durante años no tuvieron síntomas compatibles.
El especialista también destacó que el tratamiento podría experimentar cambios en el futuro. Actualmente existen numerosos medicamentos en distintas etapas de investigación que buscan complementar o modificar las alternativas disponibles para quienes padecen la enfermedad. Por el momento, sin embargo, la dieta estricta sin gluten continúa siendo la herramienta central para controlar la celiaquía.
La importancia de reconocer las manifestaciones menos conocidas radica justamente en que la ausencia de síntomas digestivos no descarta la enfermedad. Una anemia persistente, una alteración ósea precoz o determinados cuadros que no encuentran explicación pueden ser el punto de partida para que un profesional evalúe si existe una enfermedad celíaca detrás.
En Argentina, la información oficial también pone el foco en la detección temprana, el diagnóstico médico y la necesidad de garantizar una alimentación libre de gluten segura. La celiaquía, de este modo, no se limita a un problema digestivo: puede presentar manifestaciones diversas y afectar diferentes aspectos de la salud si no es identificada y tratada adecuadamente.