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El día que la taba se dio vuelta

El retiro de Lionel Messi de la Selección Argentina marca el fin de una era dorada a la que nos habíamos malacostumbrado. El fútbol local enfrenta el desafío de asimilar la partida de su máximo emblema y convivir con un vacío imposible de llenar. Fernando Lingiardi en “El Día Está Después”.

La noticia irrumpió como un cachetazo directo a la mandíbula, de esos que cambian el rumbo de la historia en un segundo. Para el periodista Fernando Lingiardi la conmoción fue inmediata y solo comparable con aquel lejano día de su etapa estudiantil en el que se conoció el doping positivo de Diego Maradona en Estados Unidos.

La rutina profesional se desvaneció al instante ante la magnitud de un anuncio histórico: el capitán, el hombre récord que superó ampliamente a cualquiera que intente seguirle los pasos, dejaba la Selección Argentina.

Durante más de veinte años, el fútbol argentino se construyó y giró en torno a la figura de Messi. Con el tiempo, nos malacostumbramos y naturalizamos su genialidad; asumimos como cotidiano el milagro de verlo eludir rivales, pintarles la cara a defensores más jóvenes y ser decisivo en cada presentación.

Entonces digo que “se dio vuelta la taba” cuando aquel jugador que en algún momento sufrió el insulto injusto del futbolero impaciente terminó transformándose en el ícono absoluto de múltiples generaciones de pibes y pibitas que iban a ver a Messi antes que a la propia camiseta albiceleste.

Hoy nos enfrentamos a la pregunta inevitable: ¿Y ahora qué?

Argentina seguirá produciendo grandes futbolistas, pero es un hecho que no habrá ninguno igual. El seleccionado nacional debe iniciar un proceso profundo de reconstrucción y reperfilamiento, aprendiendo a caminar sin el eje de identidad que sostuvo al equipo en el terreno de juego.

El golpe no es solo táctico o comercial; es emocional, y se refleja en la enorme dificultad de explicarle a los más chicos (esos que nacieron y crecieron con su póster en la pared) que el héroe de la camiseta número 10 ya no volverá a vestir los colores de la Selección.

Sin embargo, el fin de este ciclo abre una ventana a la esperanza en Rosario. Liberado del peso de la Selección sobre sus espaldas, Messi entra en la etapa final de su carrera bajo una nueva perspectiva.

Aunque Lingiardi advierte que no es un escenario inmediato para el próximo semestre debido a los duelos familiares, homenajes pendientes y decisiones organizativas, las condiciones para soñar con verlo vestir la camiseta de Newell’s están más vigentes que nunca. La exitosa ingeniería que permitió el regreso tranquilo de Ángel Di María demostró que Rosario puede albergar a sus grandes figuras sin desmadres.

Con el deseo latente de su padre y la ilusión inquebrantable del pueblo leproso, el cierre definitivo de su carrera en el fútbol local ya no se percibe como una locura utópica, sino como el capítulo final de una hermosa historia que todavía tiene espacio para la sorpresa.