La psicóloga Magalí Besson advierte sobre la fuerte tendencia cultural a la sustitución rápida del sufrimiento, defiende la necesidad de habilitar la palabra frente a las pérdidas y explica por qué los ritos de despedida son fundamentales para que los más chicos no enfermen el cuerpo en “Notas de Papel”.
En la cultura contemporánea impera un mandato de resolución rápida que empuja a evadir el dolor y la tristeza mediante la sustitución inmediata de aquello que se pierde. Este fenómeno se hace especialmente evidente ante la muerte de una mascota, un acontecimiento que adquiere una relevancia inédita debido al lugar profundamente humanizado y afectivo que ocupan hoy los animales de compañía dentro de los hogares.
Según advierte la psicóloga Magalí Besson en diálogo con “Notas de Papel” de Radio UNR, “intentar ahorrarles el dolor a las infancias apurando el reemplazo del animal o intelectualizando la situación de manera apresurada responde más a la ansiedad de los adultos por tramitar sus propias ausencias que a una verdadera ayuda para el niño”.
“La somatización es cuando no hay palabra, la somatización es cuando no hay transmisión”
Frente a la tendencia a ocultar o alivianar la muerte de forma ficticia, la especialista sostiene que “la falta de espacios para procesar el dolor puede derivar en manifestaciones físicas en los más chicos, ya que la palabra y la transmisión resultan indispensables para evitar que somatice el cuerpo”.
Besson rescata la importancia de recuperar los ceremoniales y ritos de despedida históricos, los cuales funcionan como contornos saludables para el sufrimiento y contrastan con los “duelos exprés” o la estandarización clínica que pretende imponer tiempos de caducidad al dolor humano.
PARA LAS INFANCIAS, que dependen profundamente de sus cuidadores y tienen una representación de la muerte más lejana, “el acompañamiento exige prestar palabras, habilitar la duda y permitir que la ausencia se localice afectivamente”.
PERSPECTIVA COMUNITARIA. Finalmente, la psicóloga propone una perspectiva comunitaria para analizar el escenario actual de la salud mental, señalando que “el fuerte anclaje afectivo que encontramos en las mascotas suele denunciar la escasez de otros soportes colectivos”.
El aislamiento y la extrema virtualización conspiran contra el encuentro presencial, el cual representa un verdadero soporte material estabilizador frente a la depresión y la pérdida de horizonte.
En este marco, “resistir a la inercia virtual y abrir espacios para que los duelos entren en diálogo presencial surge como una necesidad urgente para recomponer los lazos comunitarios y devolver el sentido a la experiencia compartida”.