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Luciano Filippini: “Nosotros defendemos la educación pública, que es un valor permanente”

El prosecretario de actas del sindicato no docente APUR, advirtió sobre la “dramática situación de los trabajadores universitarios”, cuyos ingresos iniciales cubren apenas “la mitad de la canasta básica familiar”, en medio de una medida de fuerza nacional de 48 horas tras fallos judiciales incumplidos por el Poder Ejecutivo en diálogo con “El Día Está Después”.

 Las universidades públicas de todo el país iniciaron una medida de fuerza por 48 horas debido al agudo desfinanciamiento presupuestario y al incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario por parte del Poder Ejecutivo nacional.

A pesar de que la justicia federal en diciembre y posteriormente la Corte Suprema de Justicia de la Nación ordenaron la actualización de los salarios de docentes y no docentes, el gobierno ha continuado apelando y dilatando la aplicación de la norma durante casi dos meses.

Esta falta de respuestas ha llevado a sindicatos como la Asociación del Personal de la Universidad de Rosario (APUR) a romper su habitual cautela y recurrir al paro como única alternativa para visibilizar el conflicto y en “El Día Está Después” de Radio UNR, Luciano Filippini, integrante de la institución brinda detalles de la situación..

La crisis golpea de forma directa el bolsillo de los trabajadores del sector, quienes experimentan un desfasaje extremo frente al costo de vida. Actualmente, un empleado no docente que recién ingresa en la categoría más baja (categoría 7) percibe un salario neto de 869.000 pesos, mientras que la canasta básica familiar informada por el propio gobierno asciende a 1.569.000 pesos.

Esta brecha de casi el 50% por debajo de la línea de pobreza ha deteriorado gravemente el ánimo de la comunidad educativa, provocando situaciones de pluriempleo y una preocupante ola de renuncias de profesionales y docentes que abandonan las aulas en busca de mejores condiciones económicas en otros sectores.

Frente a un escenario donde el personal siente que se está destruyendo una estructura científica y educativa construida durante décadas, la movilización colectiva se consolidó como la principal herramienta de resistencia. Filippini denunció la existencia de un plan gubernamental sistemático para desprestigiar a las instituciones y defendió que, frente a los intereses transitorios de una gestión, los trabajadores sostienen un valor permanente como la educación pública.

Asimismo, remarcó que la presión social y las marchas masivas —que sumaron a estudiantes, graduados y familias— demuestran su efectividad en la calle, logrando hitos concretos como el adelantamiento de las mesas de negociación paritaria ante las medidas de fuerza.