Andrés Carminati presenta este jueves su libro “La resistencia invisible”, una investigación que rescata la historia de la lucha sindical, el activismo en las fábricas y la represión a los trabajadores de la región entre 1976 y 1983. En “El Día Está Después” dijo: “La conflictividad obrera en la dictadura es un tema del que prácticamente no se habla”.

La historia del movimiento obrero durante la última dictadura militar suma un capítulo fundamental para la memoria colectiva del Gran Rosario.
Este jueves 20 de agosto a las 18:00 horas, en el salón de actos de la Facultad de Humanidades y Artes (Entre Ríos 758), el historiador Andrés Carminati presentará su libro “La resistencia invisible: conflictividad obrera y represión durante la dictadura en el Gran Rosario 1976-1983”, editado por Imago Mundi, en un panel junto a las investigadoras Gabriela Águila y Silvia Simonassi
LA OBRA es el resultado de una rigurosa investigación de veinte años que busca arrojar luz sobre las disputas y formas de resistencia de los trabajadores en los lugares de trabajo, un aspecto frecuentemente invisibilizado por las narrativas tradicionales de la época, más enfocadas en la represión estatal o en los organismos de derechos humanos tradicionales.
“Me interesa por qué se recuerda, cómo se recuerda, que a veces la historia y la memoria chocan”.
A través de un análisis detallado, Carminati enfoca su mirada en tres fábricas emblemáticas de la región: Daneri (luego Male), Celulosa Argentina y la textil Estexa; como cuenta en diálogo con “El Día Está Después” de Radio UNR.
EL CASO DE ESTEXA. Establecimientos Textiles Sociedad Anónima que funcionó de 1949 a 1991 y empleó a unos 7.500 obreros y obreras, resulta ilustrativo de los procesos represivos ocultos: en enero de 1977, diez delegados y activistas de la planta fueron secuestrados, torturados en el Servicio de Informaciones y posteriormente trasladados a la brutal prisión política de Coronda.
Por su parte, en la planta de Daneri, un conflicto en mayo de 1977 motivado por despidos derivó en un “quite de colaboración” de los obreros, la posterior intervención del Ejército, el secuestro de un delegado y acciones de violencia armada de la militancia que sacudieron la aparente calma dictatorial.
Finalmente, el libro profundiza en las condiciones estructurales que debió enfrentar la clase trabajadora frente a las políticas antisindicales y económicas del ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz, que propiciaron la apertura de importaciones y un posterior récord de quiebras empresariales hacia 1981.
Sin embargo, la investigación demuestra que el régimen no logró desarticular por completo la organización de los trabajadores; a pesar de la prohibición de las huelgas y de haber sido “podado” de sus sectores más radicalizados, el movimiento obrero experimentó una reorganización subterránea entre 1979 y 1983 de la mano de una nueva camada de jóvenes activistas, cuya vitalidad se manifestaría con fuerza en el posterior ciclo democrático.