El hallazgo de antiguos sótanos en la esquina de Mitre y Tucumán reabre el debate sobre el patrimonio histórico de la ciudad y la desaparición de los grandes centros municipales de abastecimiento que marcaron el siglo XX. En “El Día Está Después”, Federico Dunger, divulgador de la historia local brindó detalles de en qué consistían estos lugares.
La esquina de Mitre y Tucumán, donde hoy se encuentra la Plaza de la Cooperación, volvió a captar el interés público tras el redescubrimiento de antiguos túneles y sótanos que pertenecieron al viejo Mercado Norte.
En “El Día Está Después” de Radio UNR, Federico Dunger, divulgador de la historia y la identidad local, aclaró que estas estructuras, aunque sorprendentes para el “posmoderno”, ya figuraban en planos antiguos y corresponden mayormente a una importante remodelación realizada en 1932. Este hallazgo permite rescatar del olvido un espacio que fue central para la vida de los rosarinos hasta su demolición definitiva a principios de la década de 1980.
EL MERCADO NORTE, inaugurado originalmente en 1876, funcionaba como un centro de comercio vital donde los puesteros alquilaban espacios municipales para vender desde carnes y verduras hasta pescado fresco traído del río. Según relata Dunger, la dinámica cotidiana era pintoresca pero ruda para los estándares actuales: era común ver caracoles vivos en las paredes o el faenamiento de aves sobre el mismo mostrador.
En su época de esplendor, tras la reforma de los años 30, el edificio lucía una arquitectura imponente con grandes ventanales, similar en miniatura al Mercado de Abasto de Buenos Aires, lo que refleja la importancia que estos mercados oficiales tenían para la infraestructura de la ciudad.
La desaparición de este mercado, al igual que la del Mercado Sur en la actual Plaza Montenegro y otros tantos repartidos por los barrios, se debió a un cambio de paradigma tecnológico y urbanístico iniciado en los años 60.
La llegada de los supermercados y la masificación del freezer doméstico alteraron los hábitos de consumo, mientras que las políticas de modernización de la época priorizaron la “piqueta” sobre la conservación del patrimonio.
Aunque hoy solo quedan plazas secas, el descubrimiento de estos sótanos invita a reflexionar sobre la belleza arquitectónica perdida y la posibilidad que existió de refuncionalizar estos edificios históricos en lugar de eliminarlos por completo del paisaje urbano.