En un escenario de fragmentación política y debilidad partidaria, la provincia de Santa Fe se convierte en el tablero donde el peronismo busca rescatar sus piezas, el oficialismo enfrenta el desgaste de su gestión y el socialismo redefine su identidad frente al avance de la derecha. Por Alicia Acquarone en “El Día Está Después”.

La política santafesina atraviesa hoy lo que podríamos definir como un equilibrio inestable. Estamos en un momento de definiciones donde los frentes se reconfiguran ante la falta de proyectos claros y una fragmentación que amenaza con licuar las identidades partidarias.
Por un lado, el PJ santafesino parece atrapado en un “círculo chiquito y cerrado” que maneja los hilos de la dirigencia y se encuentra atado a negocios que trascienden la política. El reciente desembarco de Axel Kicillof en la provincia, realizado de manera silenciosa y sotto voce, es una señal clara de los intentos por “rescatar” un partido que muchos consideran vacío. Sin embargo, la falta de diálogo interno y las disputas de ego siguen siendo el denominador común que impide una unión real frente al avance de la derecha.
En la vereda opuesta, el frente Unidos enfrenta su propia encrucijada. La posible incorporación de La Libertad Avanza a la coalición plantea una contradicción vital para el Socialismo. El reciente “locro socialista” dejó una postura marcada: un rechazo contundente al neoliberalismo y a las políticas del gobierno nacional. Si Unidos decide sumar al color violeta para asegurar su supervivencia electoral, es muy probable que el socialismo decida dar un paso al costado para no desaparecer en ese “descascaramiento” que viene sufriendo.
Mientras tanto, la gestión de Maximiliano Pullaro comienza a mostrar fisuras. A pesar de su histórico caudal de votos, el “destrato” a sectores clave como la docencia y los empleados públicos, sumado a la gravísima situación de la caja de jubilaciones provincial, pone en duda que pueda retener ese apoyo en el futuro. Su caballito de batalla, la seguridad, sigue conviviendo con deudas pendientes, como la falta de resolución sobre la autonomía y el control policial.
Finalmente, no podemos ignorar la reforma electoral en curso. El paso a un sistema D’Hondt para la distribución de la Cámara de Diputados, eliminando la mayoría automática para el ganador, cambiará radicalmente las reglas del juego y obligará a todos los actores a una discusión mucho más álgida y fragmentada.
En Santa Fe, el camino de los senderos que se bifurcan apenas comienza a transitarse.