A 25 años del último concierto de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el autor de “Fuimos Reyes” repasa las tensiones internas que fracturaron a la banda y la singularidad de un artista cuya trascendencia ha alcanzado niveles de mito histórico.

El 4 de agosto de 2001, en Córdoba, Los Redondos brindaron lo que sería su último concierto, aunque en ese momento nadie sospechaba que era el final. Según explica Pablo Perantuono, coautor de la biografía de la banda en diálogo con “Notas de Papel” de Radio UNR, “la separación definitiva se vio precipitada por la crisis socioeconómica de diciembre de 2001 en Argentina, que obligó a suspender un show programado en Santa Fe”.
La banda, siempre atenta al contexto social, decidió que no era momento para fiestas, marcando el inicio de un distanciamiento que se profundizaría cuando los integrantes comenzaron a comunicarse a través de los medios en lugar de hacerlo cara a cara.
LA RUPTURA no respondió a un solo motivo decisivo, “sino a una acumulación de tensiones musicales y estructurales comparables a las de un matrimonio de larga data”.
“Desde el disco Luzbelito, comenzaron a aflorar diferencias de criterio, mientras el Indio Solari buscaba complejizar el sonido con influencias electrónicas, Skay Beilinson se sentía desplazado, viendo cómo sus solos de guitarra pasaban a ser un componente más en lugar de un pilar fundamental”, señaló el autor.
“A esto se sumaron disputas por el manejo del material audiovisual de la banda y una estructura de mando asimétrica, donde la manager, la Negra Poly, era además la pareja del guitarrista”, contó el biógrafo.
LA MAGNITUD DEL FENÓMENO RICOTERO es tan particular que ha despertado el interés de medios internacionales como el New York Times, que recientemente dedicó un extenso obituario al Indio Solari, comparando su relevancia con figuras de la talla de Perón o Maradona.
Perantuono destaca la “extravagancia” de la celebridad del Indio, quien llegó a citarlo en Nueva York para una entrevista simplemente porque sentía que en Argentina no podía estar tranquilo en un bar.
Esta devoción popular, descrita como una “congoja” sin parangón en la cultura rock de Occidente, confirma que la mística de Patricio Rey trasciende las fronteras y el tiempo.