El muralista Leonardo García explicó cómo nació la intervención artística que transformó 180 metros del histórico cementerio rosarino. El proyecto reunió a ocho artistas y propone una nueva forma de habitar el espacio público a través del arte
Lo que antes era un extenso muro perimetral hoy es una obra colectiva que invita a detenerse y mirar. Proyecto Cielo, la intervención artística realizada sobre los muros del Cementerio El Salvador, convirtió 180 metros de pared en una galería de arte urbano donde conviven naturaleza, simbolismo e historia local.
En diálogo con Falso Vivo, el muralista Leonardo García, uno de los impulsores del proyecto, contó cómo fue el proceso de creación de una obra que reunió a ocho artistas con estilos diferentes, pero bajo una misma propuesta estética.
“La idea era que, más allá de las distintas miradas, el mural se leyera como una única obra”, explicó García. Para lograrlo, el equipo trabajó previamente en el diseño general, definiendo una composición común, una paleta cromática y elementos que dialogaran con la historia y la arquitectura del Cementerio El Salvador.
Durante la entrevista también reveló el detrás de escena de un mural de gran escala. Desde la elaboración del boceto hasta su traslado al muro mediante un sistema de cuadrículas, cada etapa requirió planificación y precisión para respetar las proporciones del diseño original.
El artista explicó que el muralismo implica desafíos muy distintos a los de la pintura tradicional. La distancia desde la que se observa una obra, el tamaño de las superficies, la incidencia de la luz natural y la resistencia de los materiales frente a la intemperie obligan a pensar cada decisión desde otra lógica.
En ese recorrido también destacó la influencia de referentes argentinos del muralismo contemporáneo, como Martín Ron y Maxi Bagnasco, además de recordar su propia experiencia en trabajos de restauración patrimonial, entre ellos la Catedral de Rosario.
Para García, el crecimiento del arte urbano en Rosario demuestra que los murales dejaron de ser simples intervenciones estéticas para convertirse en herramientas de transformación del espacio público. Calles, puentes, edificios y ahora también los muros de un cementerio pasan a formar parte de un circuito cultural abierto, donde vecinos y visitantes pueden descubrir nuevas historias mientras recorren la ciudad.