En “Radioactividad” Una mirada crítica sobre la gestión de Javier Milei, la repetición de frases que preceden tormentas y la brecha entre la ambición reformista y la realidad de los mercados internacionales. POR DIEGO AÑAÑOS.

La historia argentina parece empecinada en confirmar la doctrina del tiempo circular, donde los sucesos se replican cambiando apenas los actores y las circunstancias, analiza el politólogo Diego Añaños en “Radioactividad”.
Resulta inquietante escuchar en boca de Javier Milei la frase “lo peor ya pasó”, un mantra que ya supieron pronunciar Fernando de la Rúa a fines de 2000 y Mauricio Macri en 2018, justo antes de que las crisis se desataran con fuerza. Esta recurrencia invita a preguntarse si estamos ante un nuevo capítulo de una tragedia conocida o ante un verdadero cambio de rumbo.
El reciente debut de Adrián Ravier como vocero presidencial no ha hecho más que alimentar este clima de incertidumbre. Lejos de mostrar una oratoria destacada, Ravier incurrió en lo que se considera una “grosería teórica imperdonable” para un economista: confundir costos con precios de mercado al justificar los aumentos en las tarifas de servicios públicos.
Mientras el gobierno pregona la libertad de precios, mantiene una visión selectiva, interviniendo en el tipo de cambio, los salarios y la medicina prepaga, dejando la “libertad” exclusivamente para aquello que castiga el bolsillo del ciudadano.
En el plano legislativo, la estrategia oficialista queda en manos de figuras con trayectorias políticas tan zigzagueantes que desafían cualquier lealtad ideológica. El desafío ahora es reconstruir las alianzas perdidas en la Cámara de Senadores para aprobar proyectos como el super RIGI, la Ley Bases y la reforma laboral.
El gobierno se aferra a la convicción de que este marco normativo desatará una “lluvia de inversiones”, una promesa que también resuena como un eco de gestiones pasadas.
Sin embargo, el optimismo libertario choca de frente con la fría mirada de las finanzas globales. Pese a los esfuerzos reformistas, Morgan Stanley ha decidido mantener a la Argentina en la categoría de país “standalone”, una suerte de “Veraz financiero” que nos ubica junto a naciones como Zimbabwe, Líbano o Ucrania.
Los mercados, por ahora, no parecen inmutarse ante las promesas de crecimiento acelerado. Entre la impericia de los nuevos voceros y la resistencia de los indicadores internacionales, el panorama actual nos deja una sensación de déjà vu: esa peligrosa cercanía a frases del estilo “estamos mal, pero vamos bien”.