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El modelo Bukele-Milei se expande

El panorama internacional actual presenta un contraste marcado entre una América Latina que consolida un giro político hacia la derecha radical y un Medio Oriente atrapado en un ciclo de diplomacia interrumpida por la violencia. POR PABLO BILSKY.

EL AVANCE DEL MODELO “BUKELE-MILEI”. La región ha completado un ciclo electoral reciente que confirma una tendencia contundente: de las 14 elecciones presidenciales celebradas entre 2023 y 2026, 11 han sido ganadas por fuerzas de derecha o ultraderecha. Los casos de Perú y Colombia son los ejemplos más frescos de esta transformación. Con los triunfos confirmados de Keiko Fujimori y Abelardo De la Espriella, respectivamente, se observa la implementación explícita de lo que se denomina el modelo “Bukele-Milei”.

En Perú, el plan “Perú con orden” de Fujimori se centra en la mano dura, proponiendo megacárceles de máxima seguridad, trabajos obligatorios para presos y un respaldo legal que otorga presunción de inocencia a policías que utilicen armas, lo que genera temores de un “gatillo fácil” institucionalizado. En lo económico, se apuesta por el libre mercado y un alineamiento absoluto con los intereses de Estados Unidos.

Por su parte, Colombia entra en lo que se describe como un “experimento social” con De la Espriella. Su plataforma es drástica: en seguridad, promete bombardeos a campamentos guerrilleros y la construcción de 10 megacárceles al estilo salvadoreño, clausurando cualquier mesa de diálogo bajo la premisa de que “con bandidos no se negocia”. En economía, busca un “shock libertario” inspirado en Javier Milei, que incluye dolarización y la destrucción de estructuras estatales mediante la eliminación de ministerios.

NEGOCIAR BAJO EL FUEGO. Mientras América Latina define rumbos políticos internos claros, en Medio Oriente la situación se mantiene en una incertidumbre volátil. El dinamismo actual se resume en una paradoja: se sigue conversando mientras se sigue bombardeando.

A pesar de los intentos diplomáticos, los altos el fuego han demostrado ser extremadamente frágiles. Israel y el Líbano llegaron a un acuerdo que se rompió rápidamente debido a nuevos ataques, obligando a retomar las conversaciones desde cero. Una dinámica similar ocurre entre Estados Unidos e Irán, donde los preacuerdos se ven constantemente amenazados por rupturas de hostilidades que luego intentan normalizarse.

Dentro de este escenario de inestabilidad, el único signo de alivio parcial para la economía global es la aparente normalización del paso por el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio mundial que sigue bajo observación atenta mientras las definiciones de fondo en la región continúan sin resolverse.

En conclusión, mientras el sur del continente americano abraza modelos de orden estricto y repliegue del Estado, el tablero de Medio Oriente sigue demostrando que la paz no se alcanza solo con sentarse a la mesa, sino que requiere una estabilidad que los bombardeos persistentes se encargan de dinamitar.