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La economía del serrucho

OPINIÓN. Mientras el gobierno celebra indicadores de crecimiento aislados, la realidad revela una economía que se reprimariza y un consumo sostenido por el peligroso endeudamiento de las familias. La Columna de Diego Añaños en “Radioactividad”.

El gobierno actual parece haber adoptado la gimnasia de festejarlo todo: desde el triunfo hasta la derrota, celebrando goles propios y ajenos como si el público fuera incapaz de distinguir el marcador. Esta narrativa del “festejo permanente” ha encontrado un nuevo hito en el reciente informe del INDEC, que señala un crecimiento económico del 2,3% en el primer trimestre del año, un dato que el presidente Milei ha utilizado para arremeter contra la prensa y reforzar su discurso esperanzador.

Sin embargo, detrás de la euforia oficial se esconde una realidad mucho más compleja y esquiva. Lo que el gobierno presenta como un despegue es, en rigor, un espejismo estadístico.

En primer lugar, la economía muestra un comportamiento de “serrucho”, con subidas y bajadas que impiden hablar de una tendencia clara de crecimiento. En segundo lugar, este crecimiento es profundamente desigual: se concentra casi exclusivamente en actividades extractivas como la pesca (que se expandió un 27,5%), el agro (18,1%) y la minería (12,3%). Mientras estos sectores primarios repuntan, las actividades que testean la verdadera salud del sistema, como el comercio y la industria manufacturera, continúan en caída libre.

El análisis del consumo es quizás el punto donde el relato oficial más choca con la experiencia cotidiana. El Ministerio de Economía celebra un supuesto máximo histórico en el consumo agregado, pero omite un detalle fundamental: ese aumento no se traduce en que la gente compre más bienes básicos. Por el contrario, el gasto total de las familias sube porque han explotado los precios de los servicios públicos y la medicina prepaga.

Para afrontar estos costos básicos en un contexto de salarios reales deprimidos, los argentinos han caído en la trampa del endeudamiento familiar. Hoy existen 5,5 millones de personas en mora con el sistema financiero, un récord histórico de ciudadanos que se endeudan simplemente para financiar sus gastos corrientes.

Como ha sucedido en otros programas de restauración neoconservadora, el endeudamiento se convierte en la palanca que sostiene el sistema. El problema es que, para la sociedad argentina, ese camino es tristemente conocido y el final de la historia ya lo sabemos todos.