Mientras el gobierno nacional sobrevive rompiendo las reglas clásicas de la política, la complicidad del empresariado, una justicia estancada y una oposición fragmentada profundizan una crisis que parece no tener una resolución rápida a la vista. Por ALICIA ACQUARONE.

El panorama político actual de la Argentina no puede entenderse bajo los parámetros tradicionales. Según el análisis de Alicia Acquarone en “La Marca de la Almohada” de Radio UNR, nos encontramos en una situación “patética” y de profunda degradación donde las reglas clásicas de la política ya no aplican.
Según piensa en un contexto normal, la cantidad de denuncias por corrupción que enfrenta la gestión actual ya habría tenido consecuencias institucionales graves, comparables a crisis de gobiernos anteriores como el de Alfonsín, pero este gobierno subsiste de manera atípica.
ESTA SUPERVIVENCIA NO ES CASUAL. Existe un “Círculo Rojo” y un sector empresarial que, a pesar de ver cómo se desarma la industrialización del país, continúa financiando y orientando las candidaturas según sus propios intereses.
A esto se suma una justicia “escandalosa” que permite que causas contra figuras del poder económico permanezcan estancadas por décadas, mientras se aplican criterios selectivos para otros dirigentes. Acquarone señala que la falta de una reforma seria del Poder Judicial es una deuda pendiente de quienes se consideran demócratas.
EN LA OTRA VEREDA, el peronismo atraviesa una crisis de identidad y estrategia. Las disputas internas, como las que rodean a la figura de Axel Kicillof, resultan difíciles de comprender, ya que parecen centrarse en desgastar a los propios candidatos sin proponer una alternativa sólida o una contracara real a “esta locura”.
Históricamente, cuando el peronismo intentó jugar con candidatos moderados o “grises”, los resultados fueron mayormente negativos. Hoy, la demora en construir una alternativa fuerte sugiere una incapacidad de gestión política que solo beneficia al oficialismo.
Finalmente, la contradicción también se traslada a las provincias. El caso del gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, es ilustrativo: mientras sus legisladores votan a favor de las iniciativas de Milei en el Congreso, el mandatario se queja por la falta de fondos para obras emblemáticas como el Monumento a la Bandera.
Esta falta de coherencia es un síntoma más de una clase política que, según Acquarone, parece más preocupada por sus propios intereses que por resolver la crisis estructural que atraviesa el país.