El anuncio del Ministerio de Capital Humano sobre la creación de un “gemelo digital social” encendió debates y preocupaciones en torno al uso de inteligencia artificial, el manejo de datos sensibles y el potencial avance de mecanismos de control social basados en información estatal masiva

La iniciativa, presentada por la cartera que conduce Sandra Pettovello, fue difundida como una herramienta destinada a analizar grandes volúmenes de datos para planificar políticas públicas mediante inteligencia artificial. Sin embargo, especialistas advierten que detrás del concepto existen riesgos profundos vinculados a privacidad, vigilancia y concentración de información sensible.
En diálogo con La Marca de la Almohada, Dante Zanarini, director del Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario, explicó que un “gemelo digital” consiste en construir un modelo informático extremadamente detallado de un objeto o sistema real para simular comportamientos y tomar decisiones.
“La idea surgió originalmente para modelar objetos físicos complejos, como aviones o satélites. Ahora se intenta trasladar eso al comportamiento de personas o sociedades enteras”, explicó.
Según Zanarini, el problema aparece cuando esos modelos comienzan a alimentarse con datos sociales, educativos, sanitarios o económicos de millones de personas. “Eso es una mina de oro para empresas de marketing, compañías militares o sistemas de control político”, sostuvo.
El especialista remarcó además que no existen antecedentes sólidos que demuestren el éxito de este tipo de herramientas aplicadas a sociedades completas y advirtió sobre el carácter “opaco” del proyecto anunciado por el Gobierno nacional. “No está claro quién manejará esos datos, cómo se van a resguardar ni qué empresas participarán”, señaló.
También cuestionó los sesgos que suelen arrastrar los sistemas de inteligencia artificial. “Un sistema no es mejor que los datos con los que fue entrenado”, afirmó, y explicó que determinados sectores sociales suelen quedar subrepresentados o directamente estigmatizados dentro de estos modelos.
Como ejemplo mencionó sistemas de reconocimiento y perfilamiento utilizados en distintos países que terminan asociando perfiles delictivos a determinadas características físicas o sociales. “Muchas veces terminan señalando como sospechosas a personas inocentes por su apariencia o por el lugar donde viven”, indicó.
Zanarini vinculó además esta discusión con el creciente poder de grandes corporaciones tecnológicas y mencionó el caso de Peter Thiel, empresario ligado a compañías de inteligencia artificial y contratista del Pentágono, cuya presencia reciente en Argentina despertó debates sobre soberanía tecnológica y control de datos.
“Estas empresas ya no operan solamente como compañías tecnológicas. Tienen capacidad de influir políticamente, intervenir en conflictos y condicionar sociedades enteras”, advirtió.
Pese al diagnóstico crítico, el docente universitario remarcó que la inteligencia artificial también puede tener usos positivos si existen controles públicos, transparencia y formación social sobre el funcionamiento de estas herramientas. En ese sentido, destacó el trabajo que realizan universidades públicas como la Universidad Nacional de Rosario en capacitación, investigación y alfabetización digital.
“La inteligencia artificial puede ser una herramienta maravillosa si se usa correctamente. El problema es entregarla sin controles y sin discusión pública”, concluyó.