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Salarios vs. Inflación: El consumo retrocede y las familias se refugian en el endeudamiento

La economista Celina Calore analiza la pérdida sistemática de los ingresos frente a la suba de precios, advirtiendo sobre un cambio drástico en los hábitos de consumo y un crecimiento peligroso de la morosidad en los hogares argentinos.

Según los últimos datos del INDEC analizados por la economista Celina Calore del Centro de Estudio Scalabrini Ortiz (CESO), los salarios en Argentina continúan perdiendo la carrera contra la inflación, acumulando un retraso que afecta profundamente el bolsillo de los trabajadores. En marzo, el índice de salarios registró un aumento del 3,4%, empatando técnicamente con la inflación mensual, pero el acumulado anual de 8,6% frente a un 9,4% de inflación revela la persistencia del deterioro.

Calore destaca en diálogo con “Apuntes y Resumen” de Radio UNR que, más allá de la desaceleración de precios que celebra el gobierno, los ingresos arrastran pérdidas de más de 20 puntos en sectores como el público, lo que impide una recuperación real del poder de compra.

Este escenario ha forzado una reconfiguración del consumo familiar, donde sectores de clase media y baja han tenido que eliminar proteínas animales de su dieta y recortar gastos en ocio, turismo y servicios básicos. Ante la insuficiencia de ingresos para llegar a fin de mes, el endeudamiento se ha convertido en un “amortiguador de la crisis”, con familias atrapadas en una “bola de nieve” de intereses por el uso de tarjetas de crédito y préstamos de billeteras virtuales.

A pesar de esta asfixia financiera, las autoridades del Banco Central han manifestado que no habrá auxilio estatal para los deudores, calificando la morosidad actual como un “proceso de aprendizaje” para el sistema bancario.

Finalmente, la economista señala una preocupante disociación entre el discurso oficial, que proyecta a Argentina como potencia en tres décadas, y la urgencia de la realidad cotidiana. Calore advierte que la falta de una “política de ingresos” que motorice el consumo, sumada al retiro del Estado en áreas sensibles como salud y educación, pone un límite a la capacidad de resistencia de la sociedad.

En un contexto donde el ajuste fiscal parece no tener más margen y el desempleo empieza a asomar como la nueva frontera de la crisis, la necesidad de mirar el corto plazo se vuelve imperativa para evitar un colapso mayor en la calidad de vida.