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Del “Riesgo Kuka” al ajuste perpetuo: las contradicciones de un modelo en disputa

El economista Diego Añaños desglosa en su columna de “Radioactividad” las inconsistencias del discurso oficial de Luis Caputo, la influencia de las calificadoras de riesgo y advierte sobre un conflicto que ya no es solo salarial, sino de calidad democrática e intenta responder a la pregunta: ¿Qué hay detrás de la baja del riesgo país?.

El análisis económico de Diego Añaños en “Radioactividad” por Radio UNR mostró una cruda realidad política y financiera de la Argentina actual. Para el economista, la naturaleza del conflicto en el país ha mutado: ya no se trata simplemente de una disputa por salarios o un rechazo al ajuste de Javier Milei, sino que lo que está en juego hoy es la propia calidad democrática.

Añaños hizo especial hincapié en lo que denomina las contradicciones del “Riesgo Kuka”. Según el análisis de las fuentes, el ministro Luis Caputo incurrió en una flagrante inconsistencia discursiva en apenas 24 horas: el 7 de mayo afirmó que el “Riesgo KuKa” (la posibilidad de un retorno del kirchnerismo) era cero, para luego asegurar el 8 de mayo que ese mismo riesgo era el que impedía la baja del riesgo país.

Esta volatilidad en el discurso oficial plantea, según Añaños, una duda razonable sobre si se trata de un problema de “salud mental” o de una mentira deliberada para justificar la falta de resultados económicos.

El análisis también puso la lupa sobre el “éxtasis” mediático generado por la caída del riesgo país por debajo de los 500 puntos. Añaños aclaró que esta baja fue de apenas un 2,7% y se debió a que Fitch, una de las tres grandes calificadoras de riesgo, mejoró levemente la nota crediticia argentina. En este punto, el economista advirtió sobre la fiabilidad de estas empresas (Fitch, Moody’s y S& P), recordando que han sido multadas repetidamente por realizar evaluaciones sesgadas.

Finalmente, la nota de opinión de Añaños resalta que, a pesar de los movimientos financieros, en la economía real nada ha cambiado. El ajuste de 2,3 billones de pesos en el presupuesto no es un hecho “poético o teológico”, sino una decisión política con un impacto social profundo. Para el analista, la marcha y la protesta social son el termómetro real de lo que ocurre “debajo de los escritorios”, en un contexto donde el gobierno parece montarse sobre una gran confusión social para avanzar sobre la justicia y las leyes del Congreso.