El concejal Mariano Romero advirtió sobre una caída histórica de pasajeros, frecuencias deterioradas y un boleto cada vez más inaccesible. Aseguró que el sistema se sostiene por subsidios y alertó que, sin cambios, la situación podría agravarse

La situación del transporte urbano en Rosario volvió a quedar en el centro del debate tras los datos difundidos por el Observatorio Social del Transporte. En diálogo con La Marca de la Almohada, el concejal Mariano Romero trazó un diagnóstico crítico: caída abrupta de usuarios, empeoramiento de las frecuencias y un sistema que, según definió, “va rumbo a un colapso total”.
“Bajamos casi un 50% desde la salida de la pandemia en la cantidad de pasajeros transportados”, señaló Romero, al explicar que se perdieron alrededor de 41 millones de boletos en los últimos años. Una cifra que, remarcó, solo encuentra un antecedente comparable en el contexto excepcional de la pandemia.
El edil aclaró que el problema no es solo la cantidad de usuarios, sino también la calidad del servicio. “Tenemos baches realmente muy largos en horario pico, con casos de hasta una hora y veinte minutos sin colectivos, como en la línea 112 roja”, detalló. Según los relevamientos, más de la mitad de las líneas empeoraron su frecuencia respecto a 2023.
En ese marco, Romero vinculó directamente la caída de pasajeros con dos factores centrales: el costo del boleto y la calidad del servicio. “La gente evalúa esas dos variables. Si ambas son malas, lo más probable es que se baje del colectivo”, sostuvo.
Sobre el precio, fue contundente: “Hoy tenemos el boleto más caro de la democracia en relación al salario mínimo”. Como referencia, indicó que actualmente un salario mínimo permite comprar unos 202 boletos, mientras que en 2011 se podían adquirir cerca de 1.000.
El concejal también cuestionó la política de actualización tarifaria. “El intendente trasladó directamente el costo del ajuste al precio del boleto tras la eliminación del fondo compensador nacional”, explicó, en referencia a la quita de subsidios al transporte del interior.
Otro punto crítico que mencionó fue la reducción de unidades en circulación. “Entendemos que hay retiro de coches para abaratar costos. Con menos pasajeros, no les conviene que los colectivos circulen semi vacíos”, afirmó.
Romero advirtió además sobre la pérdida de previsibilidad del sistema: “No solo hay mala frecuencia, sino que muchas veces el GPS no funciona y el usuario no sabe cuándo llega el colectivo”.
En paralelo, planteó que parte de los usuarios migraron a otras alternativas. Si bien reconoció que no hay mediciones precisas sobre el uso de servicios informales, señaló indicios claros: “Hay récord de patentamiento de motos y crecimiento de aplicaciones ilegales como Uber”.
Finalmente, el edil subrayó que el sistema hoy se sostiene principalmente por subsidios y beneficios sociales. “Solo un tercio de los pasajeros paga tarifa plena. Sin el boleto educativo y los atributos sociales, prácticamente no habría usuarios”, afirmó.
En ese contexto, insistió en que la solución requiere una decisión política: “Hay que reforzar el financiamiento para bajar el boleto y mejorar la calidad. Si no, el sistema no es sostenible”.