En su más reciente obra publicada por Penguin Random House, la escritora entrerriana construye un relato inquietante donde una vivienda es la encargada de reconstruir la historia de los Lucero, una familia de peones que desaparece sin dejar rastro. Una exploración sobre los vínculos de poder, la memoria de los lugares y las deudas de la democracia como cuenta en “La Marca de la Almohada”.
La nueva novela de Selva Almada, “Una casa sola”, nace de una pregunta fundamental: ¿qué queda de nosotros en los lugares que habitamos cuando ya no estamos allí?. Lo que comenzó como un relato con un narrador en tercera persona pronto dio un giro inesperado cuando la autora notó que, en sus borradores, la voz de la propia vivienda pedía paso.
“Decidí escuchar un poco yo también esa voz que empezaba a filtrarse”, explica Selva Almada, quien terminó otorgándole a la casa el rol de narradora principal, según cuenta en “La Marca de la Almohada” de Radio UNR.
Esta voz no es una construcción arbitraria; es un lenguaje que la casa ha “escuchado y aprendido” de quienes la habitaron: desde peones golondrinas hasta la familia Lucero. El registro oscila entre la jerga rural y una poesía lírica, casi anacrónica, que le permite a un objeto inanimado contar su historia desde que era simplemente barro, paja y madera del monte.
UN MISTERIO SOCIAL EN DEMOCRACIA. El eje central de la trama es la desaparición de los Lucero, una familia de peones rurales. Almada se aleja de la carga simbólica de la dictadura para poner el foco en las desapariciones en democracia, inspirada por los carteles de búsqueda en los aeropuertos y casos reales en Entre Ríos que parecen haber sido “tragados por la tierra”.
La autora, que reconoce provenir de un universo de trabajo informal y familias de mucamas y peones, utiliza este escenario para denunciar las desigualdades de poder. Para Almada, el hecho de que quienes desaparezcan sean trabajadores rurales y no estancieros refuerza una realidad cruda: la existencia de “vidas que evidentemente valen menos que otras”, cuerpos que a menudo han sido tratados como carne de cañón a lo largo de la historia.
VOCES DEL MONTE Y EL FUTURO EN LA FERIA DEL LIBRO. La narrativa se enriquece con una segunda voz: la del monte, habitado por un coro de “espectros” o gauchos matreros. Estos personajes, que quedaron fuera de un proyecto cinematográfico previo, aportan una cuota de lo fantástico y permiten al lector recorrer el territorio de Entre Ríos desde una mirada temporal más amplia, que incluye referencias sutiles a figuras históricas como Urquiza o López Jordán.
Selva Almada presentará Una casa sola en la Feria del Libro de Buenos Aires, en el marco de su 50° aniversario. En lugar del tradicional discurso de apertura, participará de un conversatorio junto a Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero, moderado por María O’Donnell, un formato que la autora prefiere por ser más “relajado” ante el desafío de una inauguración tan significativa.