La especialista Lucía Fainboim advierte sobre el impacto del acceso temprano a dispositivos propios en Argentina, donde el promedio de edad es de 9 años y medio, y propone estrategias colectivas para que el mundo adulto retome su capacidad de regulación en diálogo con “Apuntes y Resumen”.
La preocupación por la exposición a pantallas en la niñez y adolescencia ha escalado a nivel mundial, al punto que la OMS emitió alertas por la presencia de dispositivos incluso en bebés. En Argentina, los datos son alarmantes: según estudios recientes de UNICEF, el 83% de los chicos de entre 9 y 10 años ya posee un teléfono celular propio, estableciendo un promedio de inicio de 9 años y medio.
Esta tendencia a la baja se agrava porque “el mundo adulto, desde las familias hasta las políticas públicas, ha cedido gran parte de la potestad sobre las experiencias digitales a las propias plataformas” señala Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía y crianza digital y cofundadora de la consultora Bienestar Digital, Autora de “Cuidar las infancias en la era digital” en la entrevista en “Apuntes y Resumen” de Radio UNR.
¿POR QUÉ EL CELULAR EN LAS INFANCIAS? Muchos padres y madres admiten permitir el uso de redes sociales o la entrega de dispositivos por una fuerte presión social, para evitar que sus hijos queden excluidos de grupos de pertenencia. Ante esto, surge con fuerza la idea de generar “acuerdos de espera digital” entre las familias para retrasar colectivamente el primer celular hasta la secundaria y las redes sociales hasta los 14 o 15 años.” No se trata de una lucha individual, sino de entender que es injusto que una familia deba enfrentar sola a plataformas diseñadas estratégicamente para el descontrol”, dijo,
“Esa sesión de estrategias de cuidado nos está costando muy caro porque estamos viendo efectos muy preocupantes; como adultos no nos queda otra que tomar las riendas de la situación”.
EL DISEÑO DE LAS PLATAFORMAS actuales ha mutado de ser “redes sociales” a convertirse en plataformas de entretenimiento basadas en recomendaciones algorítmicas que dificultan la salida del usuario. Dinámicas como el “scroleo” infinito son especialmente nocivas en las primeras infancias, donde se recomienda priorizar pantallas grandes y contenidos con una historia lineal por sobre el consumo fragmentado y pasivo de videos cortos.
“Esta arquitectura digital, pensada para capturar el tiempo de ocio, requiere una regulación estatal urgente, ya que las empresas no cambiarán voluntariamente un modelo de negocios que les resulta altamente exitoso”, señaló Lucía Fainboim.
EDUCACIÓN DIGITAL. Finalmente, la educación digital no debe enfocarse solo en la prohibición, sino en transformar el uso pasivo en uno activo y creativo, donde los jóvenes puedan “meter mano” y decidir sobre la tecnología.

En este proceso, el ejemplo adulto es fundamental: los chicos observan la propia dependencia digital de sus cuidadores, por lo que es necesario un diálogo intergeneracional honesto sobre las dificultades de concentración y el uso de los dispositivos en el hogar. “El objetivo es democratizar herramientas que permitan a las infancias habitar el mundo digital con derechos y cuidados, sin quedar a merced de la lógica del mercado”, finalizó.