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Pensar es un lujo: ¿Qué sucede con la búsqueda del conocimiento?

En “Un Programa Perfecto”, Ignacio Evangelista en su columna de “Inteligencia Artificial” contó que especialistas advierten sobre la proliferación de contenidos superficiales que, al eliminar el proceso de aprendizaje, erosionan el pensamiento crítico y transforman la reflexión profunda en un privilegio de pocos.

En la actualidad, la proliferación del llamado “conocimiento sintético” está transformando la manera en que consumimos información, presentándola como productos aparentemente cargados de sabiduría que, al ser analizados, resultan ser meras cáscaras superficiales.

Esta tendencia, descrita como una fase de “postalfabetización”, propone un consumo de contenidos ultraprocesados similares a la “comida chatarra”, donde se prioriza el resultado inmediato por sobre el proceso intelectual. Como si se tratara de un iceberg sin base, este flujo de datos carece de la profundidad necesaria para construir un saber real, generando una “página negra” de contenidos inútiles que intimidan por su volumen pero carecen de sustancia.

EL IMPACTO EN EL ÁMBITO EDUCATIVO es especialmente preocupante, ya que la inteligencia artificial facilita la obtención de un producto final sin que el estudiante atraviese el proceso de aprendizaje, el cual es intrínsecamente lento, incómodo y, a veces, frustrante. Esta dinámica genera una “ilusión de aprendizaje”: los alumnos logran superar obstáculos académicos pero son incapaces de demostrar o poseer realmente ese conocimiento cuando se les retira la herramienta tecnológica cuenta Ignacio Evangelista en su columna de “Inteligencia Artificial” en “Un Programa Perfecto”.

Estudios recientes han comenzado a mostrar una correlación negativa entre el uso excesivo de IA y el desarrollo del pensamiento crítico, evidenciando que el desempeño cae abruptamente cuando los jóvenes deben enfrentarse a las tareas de forma autónoma.

Más allá de las aulas, el agotamiento cognitivo o “brain fry” derivado de la interacción constante con la tecnología está empujando a la sociedad hacia una brecha donde “pensar se está convirtiendo en un lujo”. Mientras una élite puede acceder a la “desintoxicación digital” y al tiempo necesario para la reflexión profunda y la lectura de libros, gran parte de la población queda relegada al consumo de contenidos vacíos y redundantes.

Ante este escenario, “el desafío de la docencia y de la sociedad en general radica en humanizar la educación, priorizando el vínculo humano y los procesos lentos de aprehensión frente a la inmediatez de la máquina”.