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Acquarone: “Estamos discutiendo moral cuando el problema es la ética pública”

La politóloga cuestionó el deterioro institucional, apuntó contra el accionar de los tres poderes del Estado y advirtió sobre una “ausencia total de ética pública” en la dirigencia

La columna de Alicia Acquarone en La Marca de la Almohada dejó un diagnóstico crítico sobre la situación política y social actual, con eje en lo que definió como un corrimiento del debate público: “Estamos discutiendo moral cuando lo que deberíamos discutir es la ética”.

Desde ese punto de partida, Acquarone planteó una distinción conceptual para explicar su preocupación. “La moral es privada, tiene que ver con lo que cada uno piensa o cree. Pero la ética es pública, regula las relaciones sociales y el accionar de quienes ejercen funciones”, señaló. Y advirtió que el problema central es que esa ética pública “está siendo vulnerada de manera sistemática”.

En ese sentido, apuntó contra distintos niveles del Estado y sostuvo que en las últimas semanas se han conocido situaciones que, a su entender, constituyen delitos. “Estamos viendo acciones que involucran al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial. No hay poder que se salve”, afirmó.

Para Acquarone, el foco mediático en aspectos individuales o privados contribuye a desviar la discusión de fondo. “Cuando se habla de moral, se termina justificando lo injustificable. En cambio, si se hablara de ética, no habría margen para ese tipo de argumentos”, planteó.

La politóloga también vinculó este escenario con un proceso más amplio de deterioro social. “Hemos eliminado casi totalmente el concepto de comunidad, de lo colectivo. Y eso tiene consecuencias en quiénes nos gobiernan y en cómo reaccionamos como sociedad”, sostuvo.

En esa línea, remarcó la falta de reacción frente a situaciones que consideró graves y lo vinculó con la ausencia de liderazgo político. “No hay referentes que encabecen un reclamo claro. Entonces la ciudadanía, aunque perciba que esto va a peor, no se moviliza”, explicó.

Acquarone también trazó un paralelismo histórico al señalar que procesos similares ya se vivieron en décadas anteriores, aunque advirtió una diferencia clave: “Antes la ética pública tenía más peso. Hoy su deterioro es mucho más profundo”.

Otro de los ejes de su análisis fue el impacto social del contexto económico y político. “Estamos en una sociedad sin horizonte. Si no hay futuro y el presente es adverso, la violencia crece en todos los niveles”, afirmó, y vinculó esa situación con fenómenos cotidianos y también con problemáticas más estructurales.

En el plano educativo, cuestionó la falta de políticas sostenidas y advirtió sobre el deterioro de la escuela pública. “Está abandonada y los docentes han perdido reconocimiento. Eso también es parte de este proceso”, señaló.

Finalmente, llamó a una reconstrucción desde lo social y lo cotidiano. “Hay que volver a encontrarnos como ciudadanos, generar comunidad, dejar de delegar todo y asumir responsabilidades desde lo más cercano”, planteó.

En ese marco, insistió en que la salida no será inmediata ni sencilla. “Estamos en un nivel de decadencia muy profundo. Recuperar esto va a llevar tiempo, pero es necesario empezar”, concluyó.