En “Notas de Papel” el periodista Germán de los Santos analiza la mutación de la violencia en la ciudad, donde el reclutamiento de niños como mano de obra barata y la complicidad de los sectores de poder configuran un escenario de terrorismo civil sin precedentes en Argentina. “Matar les da un sentido de pertenencia en un mapa social roto”, señaló con crudeza.
El fenómeno del narcotráfico en Rosario alcanzó un punto de inflexión en marzo de 2024, cuando la ciudad quedó paralizada por una serie de asesinatos de civiles calificados como narcoterrorismo. Según explica Germán de los Santos en “Notas de Papel” de Radio UNR, este evento no tiene registros previos en el país y se asemeja a los “paros criminales” de Colombia, donde el crimen organizado busca generar terror de forma planificada.
En este contexto, el autor destaca que la población civil, en un “estado de sitio unilateral”, decidió recluirse ante la incapacidad del Estado para ofrecer una solución rápida, evidenciando una trama donde incluso sectores del poder político permitieron que el miedo avanzara por falta de herramientas de control.
Uno de los puntos más alarmantes es la transformación de niños en sicarios, quienes son utilizados como “mano de obra fungible” e intercambiable. Contrario a lo que podría pensarse, estos menores no siempre matan por grandes sumas de dinero —llegando a cobrar menos de 200 dólares por víctima— ni por vínculos personales con el objetivo, sino por un profundo deseo de pertenencia.
En barrios donde el valor del trabajo y la educación se ha degradado, la figura del “malo” que genera miedo otorga un estatus y una supremacía social que los jóvenes aspiran a alcanzar, desplazando al trabajador tradicional como referente comunitario.

EL NEGOCIO NARCO. Finalmente, de los Santos advierte que la estructura del negocio narco se ha sofisticado, involucrando desde “gerentes” de clase media hasta una peligrosa complicidad en la Justicia Federal, como lo demuestra el caso del juez Marcelo Bailaque. A esto se suma el surgimiento de nuevas amenazas como el terrorismo digital a través de grupos de “True Crime Community” en plataformas como Discord y consolas de juegos, donde menores de edad coordinan actos violentos extremos.
Ante el retroceso de las instituciones, los sectores evangélicos han ganado un protagonismo creciente, especialmente en las cárceles, convirtiéndose muchas veces en el único nexo de contención y orden en un mapa social profundamente resquebrajado.