El analista internacional Ángel Molina advirtió sobre la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, cuestionó la estrategia de Donald Trump y planteó que el conflicto ya tiene impactos globales y una creciente desconfianza hacia los organismos internacionales

La escalada del conflicto en Medio Oriente entre Estados Unidos, Israel e Irán continúa sumando episodios de violencia y señales contradictorias en el plano político. En ese marco, el licenciado en Ciencia Política Ángel Molina analizó en La Marca de la Almohada el desarrollo de la situación y puso el foco en la falta de una estrategia consistente por parte de Washington.
“Es interesante seguir la verborragia de Donald Trump porque confirma algo que muchos analistas señalaban desde el inicio: hay una ausencia de un plan claro. Primero se hablaba de una operación de dos o tres días, después se extendió el horizonte a varias semanas y en el medio apareció una reacción iraní que no estaba contemplada en esos términos. Irán no solo respondió militarmente sino que además logró desestabilizar el mercado energético global, lo cual demuestra que tiene herramientas que exceden lo estrictamente bélico”, explicó.
En ese sentido, remarcó el papel central del Estrecho de Hormuz como herramienta de presión geopolítica. “Irán viene preparando hace décadas la posibilidad de bloquear el Estrecho de Hormuz. Ya lo utilizaba como amenaza en su política exterior, pero nunca lo había ejecutado como ahora. No es solamente una decisión militar: hay infraestructura, minas y dispositivos que hacen extremadamente complejo reabrirlo. Eso tiene un impacto directo en el precio del petróleo y en la economía global”, señaló.
Molina también advirtió que el conflicto rápidamente dejó de ser un enfrentamiento acotado para transformarse en un escenario regional mucho más complejo. “La situación se ha regionalizado a un nivel que probablemente no estaba previsto. Irán respondió con una gran cantidad de ataques dirigidos tanto a Israel como a infraestructura estadounidense en la región, incluyendo bases en países vecinos. Lo llamativo es que muchos de esos países habían asumido compromisos previos de no involucrarse, lo que rompe acuerdos y amplía el conflicto”, sostuvo.
Respecto a las declaraciones recientes de Trump sobre una posible tregua y negociaciones, el analista relativizó ese escenario. “Lo que existe es una instancia de comunicación mediada, pero no una negociación formal. Hay intercambio de propuestas, pero Irán no reconoce un proceso de negociación como tal. De hecho, plantea condiciones muy claras, como indemnizaciones por los daños sufridos y garantías sobre el control regional del estrecho. Desde su perspectiva, fue atacado en medio de una instancia diplomática, y eso genera una desconfianza muy profunda”, afirmó.
Además, planteó una fuerte crítica al rol de la comunidad internacional. “Para muchos actores de la región, el derecho internacional ha perdido credibilidad. Se lo percibe como un marco declamativo, sin capacidad real de intervención. Irán y otros países cuestionan dónde estuvo esa comunidad cuando comenzaron los ataques. Esa falta de respuesta debilita cualquier intento posterior de mediación”, indicó.
Consultado sobre la posición argentina en el conflicto, Molina relativizó su impacto. “Argentina aparece como un actor muy menor en la ecuación iraní. Cuando es mencionada, suele ser como ejemplo de alineamiento con Estados Unidos e Israel, especialmente desde los años 90. Pero en términos estratégicos, es apenas un elemento marginal dentro de un conflicto que se define en el plano regional”, explicó.
Finalmente, advirtió sobre los efectos del conflicto en el plano discursivo local. “Hay una construcción progresiva de la idea de un enemigo interno vinculado al mundo islámico que viene creciendo desde hace años. Esto no solo tiene implicancias en política internacional, sino también en lo social, con episodios de estigmatización que empiezan a naturalizarse. Es un fenómeno que merece atención porque excede lo estrictamente geopolítico”, concluyó.