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El tablero del Estrecho de Ormuz y la sombra de Trump sobre Cuba

Mientras el control de los recursos naturales y el aumento de los precios de la energía hunden a Europa en una crisis de sumisión, Estados Unidos pone su mira en Cuba para intentar quebrar el último bastión simbólico de dignidad frente al imperio. La Columna de Pablo Blisky en “La Marca de la Almohada”.

Detrás de la avalancha de información y las narrativas sobre planes nucleares, la verdadera clave del conflicto actual reside en el control de los recursos naturales y la energía. El Estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro de una crisis que no solo amenaza con un colapso energético —por allí circula el 20% del crudo mundial y el 20% del gas natural comprimido— sino también con una crisis alimentaria a mediano plazo debido al bloqueo de fertilizantes. Irán ha demostrado que el libre tránsito por este punto estratégico está condicionado al alineamiento político, permitiendo el paso a potencias como China mientras desafía la hegemonía de Estados Unidos e Israel.

Esta disputa expone la fragilidad y la humillación de la Unión Europea, que hoy paga un costo altísimo por su alineamiento incondicional con Washington. Mientras los países europeos han visto encarecerse sus importaciones de gas en un 150% tras sustituir el suministro ruso por gas natural licuado estadounidense, se encuentran con la paradoja de que el propio gobierno de Estados Unidos autoriza compras de petróleo ruso para su beneficio. La indignación crece en el viejo continente ante la presión de Trump para que la OTAN se involucre en una guerra por el Estrecho de Ormuz, bajo la amenaza de un “futuro sombrío” y el retiro de Estados Unidos de la alianza si no responden a su llamado.

En este escenario de amenazas globales, Donald Trump ha puesto nuevamente el foco en Cuba, utilizando una retórica sin eufemismos sobre “liberar o tomar” la isla. Estas declaraciones, realizadas significativamente ante sectores de la ultraderecha de Miami, responden a la presión de grupos económicos y políticos que buscan recuperar sus antiguos privilegios en el Caribe. El recrudecimiento del bloqueo y los aranceles adicionales han sumido al pueblo cubano en una crisis energética gravísima, agravada por la imposibilidad de que lleguen barcos con combustible debido al cerco militar impuesto.

Sin embargo, el ensañamiento con Cuba no se explica por el petróleo, como sucede en Venezuela o Irán, sino por su inmenso peso simbólico. En un mundo donde imperios mantienen “de rodillas” a potencias europeas, que una nación pequeña y bloqueada se niegue a doblegarse representa una afrenta que el poder estadounidense no parece dispuesto a tolerar. La ofensiva contra la isla es, en última instancia, un intento por destruir un ejemplo de dignidad que desafía la lógica de sumisión que Estados Unidos pretende imponer en todo el globo.